Golovkin-Canelo, sin camisetas, ni audio
Una transmisión tendenciosa conspiró contra la mirada neutra del espectador común en "La pelea del año" entre GGG y Canelo, que empataron en Las Vegas en injusto fallo contra el kazajo. Una tarjeta horrenda de una jueza que ofendió el sano juicio, y los comentarios teñidos de fanatismo, condicionaron la opinión de los amantes del boxeo sin banderas. Una pena
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/131/0000131753.jpg)
La primera reflexión es la siguiente: si entre dos pegadores como Golovkin y Canelo -que van al frente, pegan y aguantan-, la pelea termina por puntos, sin caídas, ni cortes, ni hinchazones, ni conmociones... es porque algo salió mal, o no respondió a las expectativas. De lo contrario, debió haber quedado registro de los golpes.Sin embargo, se habló de peleón. Y la gente lo repite.Fue buena, pero un peleón es otra cosa. Y por respeto a ellos, excluiremos a ésta. Cierto es que venimos de Mayweather-McGregor, donde muchos esperaban algo de lo que prometieron, pero no por eso confundamos hinchazón con gordura.De haber sido un peleón, alguno de los dos debió haber generado efectos de algún tipo sobre el otro, pero el sábado en el T-Mobile Arena de Las Vegas eso no ocurrió, lo cual no se condice con la calificación del combate. ¿Cómo denominar entonces a aquellas donde hay caídas mutuas, sangre, drama, golpes netos y palo y palo en el centro del ring?Si encima el resultado es empate -y peor aún, injusto-, el combo se destiñe un poco, aunque se crea que eso favoreció a una revancha que de todos modos se haría, quizás con mayor expectativa si hubiese habido un ganador.Y si como valor agregado se disputa el empírico trono del libra por libra, y quienes luchan por él son el 1 y el 2, no solamente el cetro quedará vacante, sino que además ambos tenderán a retroceder en ese hipotético podio.Alguien de quienes conducen el negocio del boxeo deberá darse cuenta algún día que nada es más negocio que la transparencia y la credibilidad, más aún en un deporte como éste, tan arbitrario y apreciativo, porque dentro de esa apreciación hay reglas de fierro, que conviene respetar.Si en vez de Saúl Canelo Álvarez y Gennady GGG Golovkin, estos se llamaran Juan Pérez y Luis Gómez, ¿esta misma pelea tendría el mismo concepto? Más de uno acotaría "cómo escapa el colorado" -con otras palabras-, o que al ruso le falta pimienta.Dentro de lo aceptablemente buena, no superó este año a la de Joshua-KJlitschko, Cotto-Kamegai, o Chocolatito González-Sor Rungvisai I, por nombrar algunas.Pero al margen de eso hubo algo peor: nos quisieron hacer creer que ganó el Canelo, cuando no solamente defraudó -fue abucheado por gran parte del público en el estadio-, sino que se traicionó a sí mismo yendo todo el tiempo hacia atrás, pegando solamente para sacarse de encima a Golovkin, y tratando apenas de no ser noqueado.Logró su objetivo, se mostró mejor en defensa que en ataque, pero jamás un retador le gana a un campeón escapando, tirando y pegando menos manos, sin ninguna que lo conmoviera o pusiera en riesgo -salvo en el 10, en que lo desestabilizó, pero sin tenerlo sentido-. Y eso es regla para todos, sin excepción, por más que se llame Canelo Álvarez y pelee en Las Vegas, bajo la organización de su mánager, Oscar de la Hoya, o que pongan a un "barrabrava" de comentarista que nos diga que pasa lo que no pasa, y quiera convencer de que el Canelo parecía Alí, y salía a atacar, cuando se quedaba contra las cuerdas.
