Messi y su estigma: otra vez hizo poco en una final
El mejor jugador del mundo sólo mostró destellos de su inmensa jerarquía y, como ante Alemania en la definición del Mundial, no pudo hacer la diferencia. Apenas construyó una jugada de riesgo y no pateó al arco en los 120 minutos que duró el partido.
Lionel Messi. Ese "monstruo" que desde hace años ostenta el título de mejor futbolista del mundo y, a esta altura, de los más grandes de la historia. Ese crack inmenso que hace maravillas en el Barcelona y, a veces, en la Selección. Ese futbolista colosal que tiene un estigma que lo persigue y lo atormenta: no sólo sigue sin poder ganar títulos en el conjunto nacional, sino que otra vez jugó una final en un rendimiento muy lejano a su mejor versión.El astro rosarino no pesó en el partido. Sufrió con un desarrollo con dominio dividido, con una leve superioridad en favor de Chile, que le impidió a la Argentina encontrar los circuitos de juego que había exhibido hasta ahora y lo dejó sin socios. "Leo" se las tuvo que arreglar casi siempre solo, muchas veces de espaldas y a 50 metros del arco. El rival lo neutralizó y fue, a fin de cuentas, uno de sus méritos para la consagración.bannerComo sucedió ante Alemania en la definición del Mundial del año pasado, el astro rosarino se quedó en efímeros fulgores. La única jugada en la que tuvo real gravitación fue en el minuto 90, cuando se sacó a un rival de encima y construyó la carrera que finalizó con la cesión a Ezequiel Lavezzi, quien tiró un centro largo por abajo que Gonzalo Higuaín no llegó a conectar.Antes de esa intervención, el atacante del Barcelona había ingresado en una nube de intermitencias. En el primer tiempo amagó con un par de arranques e hizo amonestar rivales, pero todo lo hizo lejos del área rival. Tampoco pudo fabricar una jugada de verdadero riesgo desde el peso individual, como aquel zurdazo cruzado que salió a pocos centímetros del palo aquella tarde en el Maracaná. Esta vez ni siquiera pateó al arco. Recién lo hizo en la definición por penales, cuando convirtió el primer penal. El único que Claudio Bravo, su compañero del Barcelona, tuvo que sacar del fondo de la red.Fue en definitiva otra final sin luces para Messi, que inevitablemente seguirá atrapado en el estigma y dividiendo pasiones. Un Messi que seguirá batiendo récords en Europa y, al mismo tiempo, soportando el peso de su única gran cuenta pendiente.
