River-Independiente: ser banca y ser punto en la Copa Libertadores
Llega más entero y más pleno el Millonario al cruce decisivo por los cuartos de final de la Copa Libertadores. Llega envuelto en dudas Independiente. Las ventajas sicológicas y futbolísticas. La posibilidad de un sartenazo en el Monumental
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Con los arqueros como figuras, Independiente y River empataron en un partido vibranteEn la vigilia siempre incierta de la revancha por los cuartos de final de la Copa Libertadores entre River-Independiente, se precipita sin embargo una interpretación: River es banca, Independiente es punto.Después del 0-0 en Avellaneda de hace casi dos semanas, no parecía que existieran diferencias tan evidentes en el mapa que pretende anticipar lo que puede ocurrir en un partido. Pero algo ocurrió. River creció en resultados y en juego. Independiente continuó debilitándose en resultados y en juego.Esto no significa que River ya ganó y está en semifinales. Y que Independiente tiene una boleta asegurada esperándolo, porque el fútbol de todos los tiempos suele caminar por arriba de los pronósticos, muchísimas veces quinieleros. Pero hay diferencias sicológicas y futbolísticas que hoy le permiten a River ser el favorito.Esas diferencias son claras. Nace en su propio arquero (el nivel de Armani es extraordinario y deja instalado el interrogante sobre si lo podrá mantener en el tiempo), se extiende en una defensa que se consolidó con los centrales Maidana y Pinola, gana presencia y dinámica en zona de volantes con Ponzio y Palacios y arriba encuentra desequilibrio y gol, más allá de que Pratto todavía no alcanzó un rendimiento que lo distinga.La virtud esencial que viene expresando River se enfoca en la toma de decisiones. En sentirse afirmado. En transmitir una potente convicción para afrontar los partidos que determinan rumbos. Todo lo contrario de Independiente. Permeable en su estructura. Dubitativo. Flojo en el plano colectivo.¿Qué le pasa a Independiente? Fue perdiendo recursos para elaborar juego. Es cierto que contra River en Avellaneda se recuperó en el segundo tiempo cuando ganó la pelota en el medio después de presionar más alto y tuvo un par de chances que Armani desactivó. Pero le faltó continuidad. Y ritmo ofensivo.Independiente resignó el ritmo que supo tener cuando conquistó la Copa Sudamericana en diciembre de 2017. Se mantuvo en pie el equipo en lo que va del 2018, pero de ninguna manera repitió aquellas producciones.Ariel Holan provoca cambios permanentes en la formación que también alcanzan a los sistemas tácticos. El entrenador plantea que obedecen a los rigores y el desgaste que impone la competencia. Pero no es tan así como él lo proclama. Los cambios de nombres, de sistemas y de estrategias son elecciones del técnico que no siempre están vinculados a razones físicas.Duda Holan. Y duda el equipo. Se ablanda el equipo. Esta sensación se nutre del pasado inmediato (atado al 2018) y del presente de Independiente. Como si no lograra ponerse a punto para darle forma a un contenido futbolístico significativo.Si no aparecen Benítez y Meza, el equipo se desvanece en ataque. La palabra aparición no es casual. Es que se fue convirtiendo Independiente en un equipo de apariciones. De Benítez, de Meza, de Gigliotti, algo de Silvio Romero y algo de Domingo en el medio.Falta lo que tenía: funcionamiento. Porque tuvo funcionamiento el equipo. Tuvo otro nivel de fortaleza. De seguridad. De confianza. La que por estos días denuncia River. Y la que lo deja mejor parado para el cruce de este martes en el Monumental.Por supuesto el fenómeno del fútbol no es lineal. Y nadie lo puede encerrar entre cuatro paredes. En la previa, llega más entero y más pleno River. Y más atomizado y frágil Independiente.¿Está entonces todo cocinado? No, para nada. Pero para que Independiente se reivindique como el Rey de Copas y meta un sartenazo tendrá que crecer mucho. Tanto como para mimetizarse con aquel Independiente que hace casi diez meses frente al Flamengo dio la vuelta olímpica en el Maracaná.
