“Salud Articular y Actividad Física”
La actividad física regular es necesaria para mantener una fuerza muscular normal y la estructura y la función de las articulaciones. Efectuada con la intensidad recomendada para la mejora de la salud, este tipo de actividad no se asocia a la lesión de las articulaciones ni al desarrollo de artrosis, y puede resultar beneficiosa para muchas personas que padecen artritis.
La actividad física de competición puede asociarse al desarrollo de artrosis en una etapa posterior de la vida, aunque la causa probable de este trastorno es el padecimiento de lesiones relacionadas con la práctica deportiva.Se dispone de datos esperanzadores que indican que los ejercicios de fortalecimiento y otras formas de acondicionamiento físico de avanzada conserva la capacidad para mantener una vida independiente y reducir el riesgo de caídas. Recientes estudios experimentales y de intervención han aportado nuevos datos que demuestran los beneficios de la actividad física en la prevención de la osteoporosis y las fracturas relacionadas con esta enfermedad, basados en el aumento o el mantenimiento de la masa ósea y de la solidez de los huesos (Heinonen y cols. 1996, Kohrt y cols. 1995, Welsh y Rutherford 1996) y en la disminución del riesgo de caídas (Lord y cols. 1996, Grisso y cols. 1997). La actividad física es uno de los factores esenciales en los intentos de conservar una estructura ósea de una solidez suficiente hasta una edad avanzada. Se ha puesto de relieve que los huesos son especialmente sensibles a los beneficios generados por la actividad física justo antes y durante la pubertad (Kannus y cols. 1995, Haapasalo y cols. 1996, Morris y cols. 1997).La necesidad de prevenir la osteoporosis y las fracturas relacionadas con esta enfermedad es evidente si se considera la expansión del número de personas de edad avanzada y la cantidad y el aumento de las fracturas registradas.Estudios científicos recientes demuestran la inclusión del ejercicio como parte del tratamiento indicado para la artrosis (Ettinger y cols. 1997). Una función articular deficiente y dolorosa es un trastorno común que reduce la capacidad funcional y la calidad de vida de las personas de mediana edad y de edad avanzada.Es probable que parte de la carga sintomática pueda atenuarse mediante la práctica de ejercicios regulares y de un estilo de vida activo. Así lo indica el hecho de que el sobrepeso constituya un importante factor de riesgo en la aparición de síntomas de enfermedad y la degeneración de las articulaciones y de que la actividad física regular contribuya a la prevención del aumento de peso.En el mencionado informe no se opina sobre el papel desempeñado por la actividad física en la prevención primaria y secundaria del dolor lumbar, cuello y hombro.Los datos científicos actuales indican que los ejercicios que fortalecen los músculos de la parte inferior del tronco y mejoran la capacidad aeróbica tienen un ligero efecto preventivo sobre el dolor lumbar mecánico (Lahad y cols. 1994, Vuori 1995). No obstante, no existe un acuerdo generalizado acerca de los objetivos específicos ni del contenido de los programas de ejercicio para la prevención primaria o secundaria de tales molestias (Deyo 1998). Puesto que los episodios de dolor lumbar son muy habituales entre la población, resulta esencial determinar el papel de la actividad física en la prevención de este tipo de síntomas. La mayoría de los casos de dolor de cuello y hombros se deben a la tensión de los músculos cervicales. La experiencia empírica fundamenta la idea de que un aumento de la fuerza y la resistencia muscular y una mejora de la relajación de los músculos contribuyen a la prevención y el tratamiento de estos trastornos. Los resultados de las escasas evaluaciones científicamente válidas de la eficacia de los programas de ejercicios dirigidos al tratamiento de estos síntomas han sido favorables en parte (Jordan y Mehlsen 1993), pero los ejercicios de baja intensidad no han resultado eficaces. Dada la frecuencia y el aumento de este tipo de dolores, el valor de la actividad física en su prevención y su tratamiento debe ser objeto de estudios exhaustivos.Por ello debemos fomentar actividades que reduzcan posibles consecuencias negativas en los pacientes, y así aventurar a cambios saludables y realmente activos.Prof. Casiano Carballo Profesor Universitario en Educación Física. Técnico en Deportes. Entrenador Personal. Miembro de la Red Argentina de Actividad Fí[email protected]://ptagency.zxq.net/
