Cómo evitar el efecto rebote tras una dieta… 1ªEntrega
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Bajar de peso no es solo cuestión de fuerza de voluntad. Un estudio desarrollado por
Valdemar Brimnes Ingemann Johansen y Christoffer Clemmensen, profesores de la
Universidad de Copenhague, demuestra que el cuerpo está programado biológicamente
para recuperar los kilos perdidos tras una dieta. Mecanismos cerebrales y hormonales
protegen las reservas de energía y dificultan mantener la pérdida de peso, haciendo que el
temido efecto rebote sea, en realidad, la respuesta natural del organismo. El cerebro y el
metabolismo se diseñaron para resistir la pérdida de grasa y reaccionan ante ella como si se
tratara de una amenaza para la supervivencia. En la actualidad, estos mecanismos se
mantienen y el organismo responde de manera automática ante cualquier disminución
significativa de reservas energéticas. El entorno moderno, lleno de alimentos ultra-
procesados y opciones sedentarias, ha transformado un sistema de defensa útil en la
prehistoria en una traba para la salud. Uno de los hallazgos más relevantes del equipo danés
es la existencia de una “memoria corporal del peso”. Como resultado, al concluir una dieta,
el organismo activa señales hormonales, como el aumento de la grelina, la llamada
hormona del hambre, y reduce el gasto energético de forma automática. El cuerpo utiliza el
peso previo como referencia y tiende a restablecerlo, lo que dificulta sostener la pérdida a
largo plazo e impulsa la recuperación de los kilos perdidos incluso ante pequeños descuidos
alimentarios. La obesidad es más prevalente no solo por la herencia genética, sino también
por la interacción constante con el entorno. La capacidad de elegir alimentos sanos y
mantener una rutina activa puede verse limitada por factores sociales, económicos y
urbanísticos, lo que hace aún más complejo el desafío de controlar el peso. Los profesores
de la Universidad de Copenhague insisten en que la salud no debe medirse solo en función
del peso corporal. El ejercicio regular, el descanso adecuado, la alimentación basada en
productos frescos y el bienestar emocional son factores decisivos para la salud
cardiovascular y metabólica, más allá de los cambios en la balanza. Abandonar las dietas
extremas y adoptar hábitos sostenibles permite mejores resultados a largo plazo. Priorizar el
sueño, la actividad física diaria y la estabilidad emocional contribuyen a estabilizar el peso
y reducir el riesgo de enfermedades crónicas asociadas. La prevención temprana, desde la
infancia, ocupa un lugar central en la lucha contra la obesidad. Los hábitos adquiridos en
esta etapa, desde una alimentación variada durante el embarazo y la lactancia, hasta la
educación en la selección de alimentos, influyen de manera decisiva en la regulación del
peso a lo largo de la vida.
QUERIDOS LECTORES: Esta investigación ofrece una mirada integral sobre la obesidad,
apartándose del paradigma de la fuerza de voluntad y subrayando la importancia de
comprender el fenómeno para abordarlo con estrategias sociales e informadas.
“Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza
y el único perdón”
Jorge Luis Borges