El Indio Solari y la trampa de politizarlo todo-Por Jose María Quevedo
En el debate público argentino se repite con frecuencia una tentación: la de politizar figuras culturales hasta el punto de forzarlas dentro de banderas partidarias que no necesariamente las representan. Un caso recurrente es el de Indio Solari, músico central del rock nacional, cuya obra muchas veces es utilizada como emblema por distintos sectores políticos, incluso cuando su trayectoria artística no se ha definido por alineamientos explícitos.
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Reducir a Solari a una etiqueta política resulta, en el mejor de los casos, una simplificación y, en el peor, una distorsión. Su producción más influyente —tanto en su etapa con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota como en su carrera solista— se consolidó mucho antes de que ciertas narrativas políticas recientes intentaran apropiarse de su figura. De hecho, gran parte de sus canciones más reconocidas fueron escritas y difundidas años antes de que existiera (por ejemplo) el kichnerismo.
Sin embargo, la relación entre cultura y política en Argentina suele ser intensa. Es comprensible que las obras artísticas sean interpretadas desde claves sociales o ideológicas: el arte nunca es completamente neutral. Pero una cosa es interpretar, y otra muy distinta es apropiarse. Cuando se intenta ubicar a un artista como Solari dentro de un movimiento político específico, se corre el riesgo de ignorar la complejidad de su obra y de su público, que atraviesa generaciones, clases sociales y sensibilidades diversas.
Los artistas como el Indio Solari están mucho más allá de las miserias de la política cotidiana; su obra pertenece a un plano simbólico, cultural y emocional que no debería quedar subordinado a disputas partidarias.
En definitiva, politizarlo de manera forzada dice más sobre la necesidad de algunos discursos de legitimarse a través de figuras culturales que sobre el propio músico. La obra queda, como siempre, abierta a interpretaciones; lo que no debería quedar abierto es el intento de encerrarla en etiquetas rígidas que no le pertenecen.
Jose María Quevedo