El río, los balnearios y una decisión pendiente
Gualeguay tiene una relación histórica, afectiva y cultural con su río. Sin embargo, cuando llega el verano y la ciudad busca opciones para refrescarse, reencontrarse y recibir turistas, esa relación vuelve a plantear una pregunta que sigue sin respuesta clara: ¿qué lugar ocupan los balnearios dentro de una política pública sostenida?
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Hoy, la ciudad cuenta con apenas dos balnearios. Uno es el municipal, cuya concesión fue asumida hace aproximadamente un año por el Club BH. No se trata de un dato menor: el club recibió un espacio que venía arrastrando décadas de deterioro, luego de experiencias fallidas con concesiones privadas que no lograron sostener ni recuperar la infraestructura.
Quienes tienen memoria recuerdan otro balneario municipal. Un lugar en pleno apogeo, con escalinatas que descendían hacia una amplia playada, servicio de cantina, e incluso una pequeña pileta. Fue un espacio muy querido por generaciones de gualeyos y escenario de eventos que marcaron época, como las distintas ediciones de Cantando en el Río.
Con el paso del tiempo, varios factores jugaron en contra. La construcción de la costanera modificó la dinámica del lugar y lo volvió más vulnerable a las crecidas. El propio comportamiento del río Gualeguay, con períodos de aguas muy bajas y otros de importantes inundaciones, complejiza cualquier planificación. A esto se sumó la instalación de una arenera a pocos metros, que durante años impidió que la arena se depositara naturalmente en las playas del balneario municipal.
En ese contexto adverso, el Club BH continúa trabajando con esfuerzo, compromiso y recursos propios, intentando llegar a cada temporada estival con una propuesta posible, tanto para los vecinos como para quienes eligen Gualeguay como destino. El desafío no es menor y merece ser reconocido.
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El otro balneario es Paso de Alonso, un histórico espacio privado que, año tras año, sigue apostando e invirtiendo: camping, playa, cantina y servicios que se sostienen con trabajo constante. Su valor no es solo recreativo, sino también patrimonial y paisajístico, con la postal del puente y sus viejas vías, hoy también afectadas por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento.
Aquí aparece el eje central del debate. ¿Debe la Municipalidad limitarse a observar estos esfuerzos aislados o asumir que el río y sus balnearios forman parte de una política de Estado? Pensar el río como un recurso turístico, social y ambiental implica decisiones concretas: mejora y mantenimiento de caminos, acompañamiento técnico, logística básica y, por qué no, recuperar ideas del pasado.
Paso de Alonso supo contar con un servicio de transporte que permitía el acceso popular al balneario. El recordado colectivo del “Negro Meoniz” acercaba a familias enteras a disfrutar del río. Hoy, sin movilidad, muchos vecinos quedan directamente excluidos.
La pregunta es inevitable: ¿qué actitud debería tomar el Estado municipal frente a los balnearios que aún existen en la ciudad? ¿Puede Gualeguay pensarse seriamente como ciudad turística de verano sin una estrategia clara en torno a su río, cuando además no cuenta con alternativas como parques acuáticos, presentes en muchas localidades de la provincia?
El río está. La historia está. Los espacios existen, aunque con dificultades. Lo que falta es una decisión política sostenida, que entienda que invertir en balnearios no es un gasto estacional, sino una apuesta al desarrollo, a la identidad y a la calidad de vida de vecinos y visitantes.
Tal vez haya llegado el momento de dejar de mirar al río solo cuando crece o cuando falta agua, y empezar a pensarlo como lo que siempre fue: una oportunidad.