“Huir con el rabo entre las piernas…” 1ª entrega El significado de los aromas…
El trabajo de la Universidad de Tokio, publicada en Journal Neurosci, reveló las etapas del cerebro al interpretar las señales químicas de cada olor.
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Este hallazgo permite nuevas perspectivas para comprender la conexión entre los sentidos, memoria y bienestar. El olfato ha sido difícil de interpretar desde la ciencia. El aroma de un café recién hecho o el perfume
de una flor pueden transportarnos inmediatamente a recuerdos o estados emocionales. El
cerebro organiza su respuesta a los olores en dos etapas diferenciadas. Primero: traduce la
información molecular y otorga valor subjetivo a lo que percibimos. Este descubrimiento,
propone que cada fragancia pasa primero por un filtro objetivo, antes de ser incorporada al
universo emocional y de recuerdos. El estudio fue realizado con voluntarios expuestos a
una selección de fragancias. Los investigadores midieron actividad cerebral mediante
electroencefalografía (EEG). En apenas 300 milisegundos desde la inhalación, se produjo
una activación de las ondas, responsable de analizar las propiedades físico-químicas de
compuestos odoríferos. Esto permite diferenciar de manera instantánea entre el olor del gas,
el pan recién horneado o una sustancia tóxica, una función que ha resultado vital para la
supervivencia humana. Quienes consiguieron discriminar mejor los distintos olores
mostraron una fidelidad mucho más alta en esta primera fase, se sitúa a la actividad theta
como una firma cerebral de la capacidad olfativa. La eficacia en esta función no se
vinculaba a otras funciones como la identificación. La segunda fase de la frecuencia
cerebral: es con la actividad delta. Se desplazó de la química a la experiencia personal. Esta
etapa está relacionada con la valoración subjetiva de los olores, es decir, con determinar si
un aroma resulta agradable o desagradable. Esta fase no guardó relación con la capacidad
para distinguir olores, sino con la conciencia emocional asociada a los olores. Los
cuestionarios mostraron que quienes manifestaron una mayor percepción de agradable o
desagradable, exhibieron una intensidad delta más marcada, pero no se tradujo en un mejor
desempeño en discriminar fragancias. La diferenciación entre una codificación física inicial
y una valoración subjetiva posterior abre un abanico de oportunidades para la comprensión
y tratamiento de trastornos del olfato. El estudio apunta a futuros desarrollos en
neurociencia olfativa, desde el diagnóstico temprano de enfermedades neurodegenerativas,
hasta las creaciones terapéuticas para recuperar o potenciar el olfato.
QUERIDOS LECTORES: La investigación conecta lo estrictamente químico con lo
profundamente humano, y demostrando que, cada vez que olemos, nuestro cerebro orquesta
una compleja sinfonía entre la objetividad molecular y la emoción. Comprender este
proceso puede transformar la manera en que interpretamos el mundo a través de la nariz y
cambiar, en un futuro no tan lejano, nuestra propia relación con la memoria, la salud y el
bienestar.
“Ten fe ciega, no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas”
Horacio Quiroga