“Huir con el rabo entre las piernas…” 6ª entrega Los títulos, el salario y el empleo…
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El diploma reduce casi a la mitad las chances de no conseguir trabajo. Completar la
secundaria también marca una diferencia, pero menos que en otros países. Se sostiene que
No se necesitan cinco años para tener un título y arrancar: Se necesita acción, aprender en
la práctica y rodearse de gente que ya está haciendo lo que sueñas. El conocimiento es
gratuito en internet, lo que falta es decisión y coraje; este es el discurso entre los influencers
de los jóvenes, especialmente varones: Predican que la educación tradicional y los títulos ya
no sirven, que la teoría y la memoria son obsoletas ante la práctica y los algoritmos, que el
éxito está a unos clics de distancia y puede ser inmediato. En un contexto de salarios bajos,
en el que a los jóvenes les resulta imposible independizarse, el mensaje resulta seductor.
En Argentina y alrededores, tener un título universitario sigue marcando diferencias: Existe
fuerte correlación entre nivel educativo, inserción laboral y salarios; la brecha salarial
promedio entre quienes terminaron la secundaria y quienes alcanzaron un título terciario o
universitario es del 63%, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico (OCDE). Esa diferencia es mayor que para el promedio de países de la región,
la diferencia es a favor de quienes tienen un título universitario o terciario que ganan un
54% más; la brecha salarial se asocia directamente con el nivel del título alcanzado.
Quienes tienen una maestría son los que consiguen ingresos más altos: ganan, en promedio,
2,5 veces más que quienes solo completaron la secundaria en Argentina. Una licenciatura
implica un salario alrededor de 75% más alto que el título secundario, mientras que las
carreras terciarias cortas implican una mejora del 30% con respecto a finalizar la escuela.
El título no es condición de empleabilidad y el verdadero diferencial radica en la capacidad
de innovar, de resolver problemas y adaptarse a entornos cambiantes.
La desigualdad de oportunidades frena el acceso de algunos estudiantes que podrían
beneficiarse de una educación adecuada; el entorno familiar sigue siendo determinante al
definir quién cursa estudios superiores. El estudio de la OCDE advierte que la Argentina se
encuentra entre los países que invierten menos recursos por estudiante; el gasto público por
estudiante en educación superior, incluyendo investigación y desarrollo, es menor que en la
educación obligatoria. Existe una correlación entre el nivel de inversión en educación y la
posibilidad de alcanzar mejores logros educativos, que a su vez se traducen en mayores
oportunidades laborales y mejores ingresos en el futuro.
QUERIDOS LECTORES: Tengamos en cuenta estos indicadores que demuestra la
investigación, para que conversemos con nuestros nietos y bisnietos al respecto. Si somos
empáticos nos van escuchar.
“Cuando sientas deseos de criticar a alguien, recuerda que no todo el mundo
tuvo las mismas oportunidades que tú tuviste”
F. Scott Fitzgerald