Un mapa global revela una Luna activa
Un nuevo estudio científico acaba de revelar algo sorprendente: la Luna no es un mundo geológicamente muerto. Investigadores han descubierto evidencias de actividad tectónica relativamente reciente, lo que cambia nuestra visión sobre la evolución y el estado actual de nuestro satélite natural. El trabajo fue publicado en la revista científica: The Planetary Science Journal. Realizado por investigadores del Center for Earth and Planetary Studies del Smithsonian National Air and Space Museum, junto a colaboradores científicos.
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Los científicos elaboraron el primer mapa global detallado de unas estructuras conocidas como crestas de los mares lunares, pequeñas elevaciones en las grandes llanuras oscuras visibles desde la Tierra. Estas formaciones se originan por compresión de la corteza lunar, un fenómeno tectónico que indica que el interior del satélite aún experimenta cambios.
Según el estudio, estas crestas son geológicamente jóvenes y están distribuidas en amplias regiones de la superficie lunar. Su formación está vinculada al lento enfriamiento del interior de la Luna, un proceso que provoca su contracción progresiva. A medida que el satélite se enfría, su corteza se deforma, generando fallas y relieves similares a los observados en el nuevo análisis. El equipo científico identificó 1.114 crestas previamente desconocidas, elevando el total catalogado a 2.634 estructuras tectónicas. La edad estimada de muchas de estas formaciones ronda los 124 millones de años, lo que, en términos geológicos, se considera relativamente reciente y demuestra que la actividad interna lunar persistió mucho más tiempo de lo que se creía.
Este hallazgo también tiene implicancias en el estudio de los llamados “sismos lunares” o moonquakes. Investigaciones anteriores habían vinculado las deformaciones tectónicas con estos movimientos sísmicos. La presencia de crestas jóvenes en regiones extensas sugiere que la actividad sísmica podría estar más distribuida de lo pensado, un dato clave para futuras misiones espaciales. Comprender la dinámica interna de la Luna será fundamental en el contexto de las próximas exploraciones humanas, especialmente con el programa Artemis, que busca establecer una presencia sostenida en el satélite. El conocimiento de zonas tectónicamente activas permitirá seleccionar sitios de alunizaje más seguros y planificar mejor la instalación de futuras bases lunares.
El descubrimiento aporta una conclusión clara: la Luna no es un mundo muerto, sino un cuerpo dinámico que continúa evolucionando lentamente, conservando señales de actividad geológica incluso en tiempos relativamente recientes.