China: el hipermercado del mundo al que apuntan los argentinos
Su constante crecimiento, ahora más moderado, a tasas promedio de 10% anual hace que hoy, entre 30 y 35 millones de chinos ingresen al mercado de consumo por año. Su performance económica seduce no sólo al Gobierno y al gran empresariado: muchos argentinos encuentran en el gigante asiático un rédito interesante en negocios de importación de corto plazo.
Llegar a China produce varias sensaciones. La primera tal vez es que lo único importado es uno, porque todo lo que se lleva encima, desde los zapatos a la camisa, vuelven a su país de origen. Eso es, entre otras cosas, el gigante oriental, una especie de gran hipermercado del mundo, donde todo está orientado al consumo y donde hay que hacer un gran esfuerzo para entender que se está en un país comunista.En Shanghai, una ciudad sorprendente por donde se la mire, conviven las tres Chinas: la milenaria con sus tradiciones, barrios típicos y mercados donde se pueden encontrar los más variados tipos de té y las comidas más insólitas para el mundo occidental, como carpaccio de serpiente, sapos o sopa de tortuga; la China actual con sus shoppings con marcas de lujo y sus tiendas made in Shanghai; y la futurista, donde se encuentra el centro financiero y las innumerables torres de edificios de oficinas y hoteles, una postal que tranquilamente puede confundir a esta ciudad oriental con Nueva York, Boston o Chicago.Shanghai es quizá la mayor representación de lo que significa China hoy. Un país emergente que es la segunda potencia mundial medida en Producto Bruto Interno (PBI) con sus u$s 10,36 billones, de acuerdo al FMI, y primera en términos de paridad de poder adquisitivo. En 2014, su PBI per cápita rondó los u$s 10.000, situación que la coloca en la posición 90 entre los países con mayor PBI per cápita.También es cierto que no todo es perfecto en términos económicos. Y tal vez, uno de los mayores problemas está en la desigualdad. De los 1.300 millones de habitantes, se calcula que apenas 400 millones pertenecen a la clase media.El Cronista, en su edición del 11 de abril pasado, publicó: "Los multimillonarios chinos suman hoy nada menos que 17.000 empresarios que, con una edad promedio de 51 años acumulan, en total, fondos por u$s 5 billones, según datos que la revista Hurun da a conocer cada año, desde hace 15, en la lista de los más ricos del país.El informe sobre la riqueza en China fue elaborado por el Banco Mingsheng con datos aportados por el Instituto de Investigación Hurun para 2014. El inventario muestra un incremento considerable de personas en esa situación, en comparación con la información recopilada desde 2008 y hasta 2013, cuando el número de multimillonarios en el gigante asiático no superó los 1.000 nombres.En conjunto, el valor de los activos de los multimillonarios del país alcanza los 31 billones de yuanes (unos u$s 5 billones), unas 10 veces el PBI anual de Noruega o 20 veces el de Filipinas, añade el estudio. Por primera vez en este tipo de informes, se publican detalles de las personas que se incluyen en la lista, como dónde viven, cuánto han acumulado o el tipo de trabajo que desempeñan.Por otro lado, el constante crecimiento de los últimos 20 años a tasas promedio de 10% anual hace que, actualmente, entre 30 y 35 millones de chinos ingresen al mercado de consumo por año, casi una Argentina cada 12 meses, para tener una referencia.Tal situación también despertó el interés de las marcas de lujo. Prada, Louis Vuitton, Carolina Herrera se mezclan con las de autos. En Shanghai hay concesionarias de Ferrari, Porsche, Mercedes Benz y Lanborghini, como en Buenos Aires de Fiat y Volkswagen.Otra muestra es que en China el mercado de bienes de lujo se expandió inmensamente en la última década y en 2014 representó el 28,5% del total global. La explosión del crecimiento generó una inflación inesperada en el país asiático. Según el Banco Mundial, en 2010 la inflación fue de 3,3%, subió a 5,4% en 2011, para luego descender por tres años consecutivos y quedar cerca de 2% en 2014.Está claro que el despegue y el crecimiento chino no solo seduce al Gobierno y a los empresarios. También, claro está, a muchos argentinos de escaso patrimonio que ven en el país oriental la veta perfecta para hacer negocios de importación de corto plazo. (Ver pág. 6 Business son...)Del Estado a lo privadoLa historia reciente indica que desde su fundación en 1949 como República Popular China, con Mao Tse Tung a la cabeza, China era una economía planificada, parecida a lo que fue la desaparecida Unión Soviética. Pero luego de la muerte de Mao, en 1976, los líderes chinos que lo sucedieron comenzaron con un cambio en la economía donde la participación privada cobró relevancia. Así, se desmantelaron las granjas colectivas y se privatizaron tierras. El objetivo tuvo como foco el mercado externo. Se reestructuraron empresas estatales y otras cuantas directamente se cerraron provocando despidos masivos. Como contrapartida, hoy China cuenta con 35 millones de empresas registradas en el país, número que la coloca primera a nivel mundial.Pero esta situación, a pesar del avance de la propiedad privada, no la aleja del capitalismo de Estado. El Gobierno tiene en su poder sectores estratégicos como la producción de energía y las industrias pesadas.De acuerdo al FMI, entre 2001 y 2010, el crecimiento económico fue de 10,5% anual promedio, y su tasa de crecimiento fue equivalente a la suma de todos los países del Grupo de los 7 (G7).Para los analistas, gran parte de este crecimiento se debió a la mano de obra barata y en condiciones que ningún sindicato de la Argentina avalaría.Como muestra basta un botón: es domingo en Shanghai, son las 23, llueve y el lunes es feriado. La grúa sigue trabajando, los obreros apenas se divisan en la torre de 70 pisos que se construye justo frente a uno de los hoteles Four Seasons. El Cronista pregunta cuál es la razón para que haya obreros trabajando. La respuesta de una de las encargadas del hotel es simple. "La torre lleva tres años y estará terminada en dos más. Se trabaja todos los días por turnos y así se cumple con los plazos establecidos en el contrato".Además de la alta productividad, otra de las condiciones del crecimiento chino está vinculada a la relativa buena infraestructura. En los últimos 20 años, se construyeron miles de rutas mediante la creación de la red de autopistas, conocida como Sistema Nacional de Autopistas Principales (SNAP). En 2011, sus autovías tenían una longitud de más de 85 mil kilómetros.
