Graciela Juarez: Por las dunas de Merzouga y algo más… 1ª parte
Hace poco tiempo compartimos el viaje a Marruecos de nuestra amiga Graciela Juárez, gualeya que reside en La Plata. Pero allí no quedó su curiosidad, sino que, junto al grupo, partió a las dunas de Merzouga, o sea, la plenitud del desierto. De esta experiencia tan especial nos comenta y nos ilustra en dos entregas.
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"Cada lugar de la Tierra constituye por sí mismo, un espectáculo: sencillo, más o menos complejo, ofrece a cada visitante una faceta que quedará configurada por su mirada, el momento vivido, y la historia personal del mismo.Estábamos en Erfoud, Marruecos, en el que se percibía ya, el entorno sahariano, con sus oasis, valles llenos de verdes palmeras y de kasbahs, que ofrecen sombra y reposo a los amantes de la aventura y de la naturaleza.La arena y un sol abrasador enmarcan un mar de dunas doradas, con tonalidades anaranjadas, rojizas, y con alturas sorprendentes. Sólo mirar, observar, analizar y luego dejarse llevar por el encantamiento que produce esa visión. Partimos para las dunas de Merzouga en vehículos todo terreno, 4 X 4, Toyota y Mercedes Benz. ¿El camino? No lo veíamos. Todo es arena. Sólo el conductor es el gran conocedor de la ruta inexistente para nuestras miradas. Todo es arena...Algunas pequeñas poblaciones bereber pudimos ver a los costados de nuestro camino.Después de algunas horas llegamos al campamento. Las haimas nos esperaban. Es incomparable esta zona del Sahara, con la que está contigua a Egipto. Aquí, en Marruecos, las dimensiones de las dunas adquieren tal amplitud que podríamos hablar de inmensidad.Llegamos a la tarde. Mirar los diseños que han creado las dunas (con diferentes dorados, anaranjados, rojizos, marrones, hasta llegar a las mayores oscuridades), las caravanas de camellos que proyectan sus sombras en la arena. Caminar, aspirar el aire seco y apreciar en toda su magnitud, la puesta lenta del sol. Un derroche de oros y dorados engamados con las arenas de las dunas, que se extienden plácidas, dispuestas ya a recibir como un manto, a la noche inminente. Una noche estrellada, pura de toda contaminación de iluminaciones extrañas. Oscuridad, cielo y estrellas. Silencio. Todo es silencio. Absoluto silencio...La cena caliente, típica bereber, nos esperaba y allí fuimos. Al haima comedor. Los anfitriones bereber sonrientes, muy amables, con sus atavíos típicos. Un grupo, o banda, con sus instrumentos autóctonos, tambores, guitarra, y canto, nos ofrecieron su música."(continuará)(N. de E.)Haimas: carpasLas Kasbah son espacios fortificados de origen bereber. Era un lugar donde se protegían contra intrusos y ataques, como también de las tormentas de arena.
