Mercedes Montiel comparte su visita a Grecia
Mercedes Montefiori, como la conocemos todos, comparte con nosotros su viaje a Grecia junto a su prima María Inés, a esos lugares de historia, de arte, de belleza. Con su relato y descripción nos hace vivir intensamente esas maravillas.
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"Llegamos a Atenas cerca del mediodía; ¡calor y tránsito caótico! Aún así nos enamoramos de tanto bullicio y tanto verde... ¡hermosa Atenas! Estábamos en la cuna de la filosofía, de la cultura, del pensamiento... ¡La admiración nos dominaba!Atenas es movimiento, vibración, voces altas, gente, ¡mucha gente! Y en medio de todo eso, la historia se hace presente: el Templo de Zeus y el Arco de Adriano nos sorprenden y maravillan.En medio de tanta modernidad, la Grecia antigua dice; ¡Aquí estoy!Por supuesto que nuestro primer interés era el Partenón. Para hablar de él, siempre faltan palabras. Obra increíble de tantísima belleza, donde la inteligencia del hombre ha dejado para todas las generaciones una muestra enorme de trabajo y belleza.Tuvimos la suerte de que nos acompañara una guía helena que se llamaba Helena, orgullosa de su tierra y enamorada de su historia. Supo transmitir el cómo y porqué de esa Acrópolis donde cada piedra tiene su propia historia.Pisábamos y acariciábamos esos mármoles por los que han pasado tantos nombres que aun hoy hacen a la cultura del mundo. Y, a pesar de tanta emoción por el privilegio de estar ahí, no pude dejar de pensar que aquellos hombres que tan enorme legado nos han transmitido, hoy, tristemente, nos verían involucionando en tantos aspectos.En la base de la Acrópolis está Plaka, barrio tradicional, barrio tradicional y característico de Atenas. Es un enjambre de callecitas, negocios, restó, cafés, donde el griego ¡todo! Un barrio precioso, colorido, bochinchero, con comerciantes sonrientes y atentos. Allí saboreamos el helado más rico y caro... ¡pero valía la pena!Al día siguiente partimos hacia Delfos, al ¡Oráculo de Delfos tantas veces estudiado en la secundaria...! ¡Lástima que ya no existe! Allí, en el Monte Parnaso, que es un recinto arqueológico, disfrutamos de su museo increíble y del que acompaño imágenes donde se puede dimensionar el cuidado que pone el griego en la conservación de su legado.Y en todo este pasar por Atenas, no podía faltar el placer de baila ¡Zorba! ¡Zorba el Griego! Y romper platos estrellándolos sobre el piso al grito de ¡Epa!, ¡Epa!Saliendo de Atenas, disfrutamos de Mykonos y Santorini... ¡Merecen otro capítulo! Aparte de sus bellezas y de esas aguas azules, turquesas, verdes, la mano del hombre ayuda con sus iglesias (pequeñitas), con sus construcciones blancas de techos simulando piscinas para la recolección del agua de lluvia. Se ven muchas torrecitas y campanarios que contrastan su color azul con el blanco de las casas. Tal profusión de templos se debe a que el gobierno no cobra impuesto a aquel que, antes de construir su vivienda, eleva la iglesia que la pone bajo la advocación de su santo, nombre del dueño de la casa. El día de ese santo, el propietario celebra con una misa (única vez que se abre el templo en el año) y una fiesta popular a donde concurre todo el barrio o quien lo desee.Cuando hago esta narración, hablo por mí y por mi prima María Inés con quien disfruté al máximo de este bendecido viaje. Fuimos con muchas inquietudes y volvimos colmadas de satisfacciones. Grecia merece todas las palabras bellas y buenas que se puedan decir.Y unas palabras sobre la enormidad de vocablos que pronunciábamos sin saber que suenan igual que en la antigüedad o tienen su origen allá lejos y hace tiempo. La semántica nos une con el ayer. ¡Maravilloso!"
