“Cacho”, toda una vida dedicada a la mecánica
Jorge Rubio, más popularmente conocido como “Cacho”, es hoy uno de los mecánicos automotores más reconocidos de la ciudad. Con más de cuarenta años dedicados a ésta labor, hoy en día su taller ubicado en calle Belgrano, es el lugar donde muchas personas de Gualeguay, y alrededores, confían su auto. Ese mismo lugar, está plagado de historias, anécdotas, recuerdos, familia y amigos.
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De muy joven, siendo un adolescente que recién terminaba la secundaria, decidió irse a Esperanza a estudiar veterinaria, pero por razones de la vida, de su vida, se dio cuenta que eso no era lo suyo, y a los pocos meses se volvió. Su papá José, ya se encontraba trabajando en el rubro automotor, siendo mecánico, y él, joven y con miedos quizás, incertidumbres o con algo de seguridad, quien sabe, decidió seguir su camino.Así empezó, por una carrera fallida, lo que sería el resto de su vida. Al principio y por muchos años, en compañía de su papá, quien con paciencia y dedicación, le enseño cada una de los secretos, de los arreglos y los valores que debía tener un buen mecánico, y por sobretodo una buena persona. Con el tiempo, se sumó otro integrante de la familia, su primo, con el cual trabajan codo a codo actualmente. Siempre fue un taller familiar, plagado de buenas energías, enojos, rabietas, risas, como en toda familia.Cacho, siempre fue un apasionado por los motores, el Rally, el Turismo Carretera, TC Pista, Mouras y todas las derivaciones y categorías que existan. En sí, siempre fue un apasionado por los autos y esa pasión lo llevo a seguir experimentándose, nutriéndose de información para complementar los saberes que su papá le había inculcado y los que él había adquirido. Ayornandose al avance de las tecnologías, comenzó a implementar nuevas técnicas y siempre trató de estar un paso adelante.Fue mecánico de muchos autos de Rally, desde la recordada "Peña 26", hasta lo que es hoy en día el "Equipo Lusqtoff". En ellos cosecho muchas buenas amistades, y siempre tuvo el apoyo de su familia, de su esposa y sus dos hijas. Por cosas del destino, paradojas de la vida, el mecánico, el "loco" por los autos, tuvo dos hijas mujeres.De todas maneras, eso no fue un impedimento para que tanto él, como ellas, disfrutaran juntos cada fin de semana de Rally, cada podio que hacían los pilotos del auto que Cacho arreglaba, cada levantada de trofeos. Ni mucho menos, cada abrazo y cada tarde en el taller, chismoteando, observando, indagando y llenándose de grasa. Las pequeñas, no solo visitaban a su papá, sino que lo acompañaban en cada arreglo, en cada bajada a la fosa, en cada actividad que él realizaba.Hoy, ya grandes, con veinte y tantos cada una, lo siguen acompañando a su manera. Ya no pueden ir al taller como lo hacían usualmente, por trabajo, por estudios. Pero cada vez que hay una fecha de Rally, o un acontecimiento importante, están presentes, físicamente o con una llamada para consultar como va todo.La "Mecánica Rubio", siempre fue una familia. Sus paredes lo demuestran con cada foto, cada trofeo y cada rincón que, seguro alberga muchos recuerdos. Hoy Cacho sigue trabajando, hoy a Cacho lo siguen eligiendo, quienes lo conocen dirán que es "un loco", pero quienes lo conocen más aun, le agregaran que es "un loco lindo". Al que le seguirían confiando sus vehículos siempre y a quien recomiendan ante cada "¿a quién le puedo llevar mi auto?".El taller de José primero, el de Cacho y Duilio ahora, la Mecánica Rubio, la familia, ese galpón de calle Belgrano, es el lugar que alberga a un mecánico con pasión, con grandes amistades, con un carácter muy especial, pero por sobre todo a una persona de un corazón inmenso.
