Camilo Echegaray: “Australia me enseñó que uno es mucho más fuerte y capaz de lo que cree”
Tomamos contacto con Camilo Echegaray Pitón quien reside y trabaja en Australia. Pero más allá de ese destino, ha recorrido muchos países tanto de Europa, como también de Asia. Está muy conforme con la vida que lleva lejos de su terruño y lo comenta con naturalidad y muy feliz con los logros.
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“Cuando empecé la universidad en el año 2011, había algo que me rondaba constantemente la cabeza: el sueño de algún día poder hacer la Work and Holiday en Australia. Siempre me llamó muchísimo la atención la idea de conocer otras culturas, aprender inglés, trabajar, viajar y experimentar una vida completamente distinta a la que conocía. Sentía una curiosidad enorme por el mundo y por todo lo que existía más allá de mi zona de confort.
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Ese deseo empezó a tomar todavía más fuerza en 2018, cuando tuve la oportunidad de hacer un intercambio académico en Santiago de Compostela (España). Ese viaje me cambió profundamente. Recorrer distintos países de Europa me abrió la cabeza de una manera difícil de explicar. Entendí que el mundo era muchísimo más grande de lo que imaginaba y que había infinitas formas de vivir, pensar y soñar. Ahí fue cuando Australia dejó de ser solamente una idea lejana y empezó a convertirse en un objetivo real.
Finalmente, en diciembre de 2022, después de muchísimo esfuerzo y sacrificio, pude concretarlo. No fue fácil. Tuve que trabajar muchísimo para cumplir con todos los requisitos de la visa y animarme a tomar una decisión que literalmente te cambia la vida: irme solo a un país que queda del otro lado del mundo, lejos de todo lo conocido y hablando un idioma que entendía bastante menos de lo que pensaba.
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Creo que una de las partes más difíciles de emigrar o de empezar una vida nueva lejos de casa es dejar atrás a la familia, los amigos, las costumbres y hasta el lugar que uno ocupa dentro de su círculo social. Muchas veces crecemos rodeados de estructuras invisibles que nos condicionan, que nos hacen dudar de si realmente somos capaces de lograr algo grande o diferente. Y cuando llegás a un país donde no conocés a nadie, donde el idioma es distinto y donde tenés que empezar completamente de cero, aparece muchísimo miedo e incertidumbre. Pero también aparece una oportunidad enorme de crecimiento.
Australia me enseñó que uno es mucho más fuerte y capaz de lo que cree. Me obligó a adaptarme, a resolver problemas constantemente y a enfrentar situaciones que jamás imaginé vivir. A lo largo de estos años trabajé en granjas de paneles solares, haciendo trabajos físicos muy exigentes, y también en construcción, donde hoy me desempeño como carpintero mientras estudio una certificación en carpintería. Cada trabajo me enseñó algo distinto y me ayudó a crecer muchísimo, tanto personal como profesionalmente.
La realidad de Australia muchas veces es muy distinta a la imagen perfecta que se muestra en redes sociales. Acá se trabaja muy duro. Son jornadas largas, muchas veces de hasta diez horas diarias, y trabajos extremadamente físicos. Pero también hay algo que admiro muchísimo de este país: la cultura del esfuerzo. Acá el trabajo no define tu estatus social ni quién sos como persona. Trabajo es trabajo. Y si uno realmente está dispuesto a esforzarse, las oportunidades aparecen.”
(Continuará)
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