El siempre estuvo ahí
Para mí, él siempre estuvo ahí, desde que nací. Pocas veces podemos ser testigos de una historia tan particular, completa, con principio y fin, servida para ser novela. Me gusta pensar que Almodovar debería haber nacido en Gualeguay por este tipo de cosas.
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2026/02/ff.jpg)
Para mí, él siempre estuvo ahí, desde que nací.
Pocas veces podemos ser testigos de una historia tan particular, completa, con principio y fin, servida para ser novela.
Me gusta pensar que Almodovar debería haber nacido en Gualeguay por este tipo de cosas.
¿Por qué siento de manera tan palpable el paso del tiempo cuando estas cosas ocurren? Tachi (o Tacha para mí) se fue y se puede sentir la textura misma del paso del tiempo, impacta, lo transforma en algo físico, como si de golpe me cayeran todos estos años encima. ¿Por qué nos conmueve tanto ponerle rostro al paso del tiempo, que nos despierta? ¿Por qué nos incomoda? ¿Es una situación linda? Supongo que debiera ser hermosa.
Sospecho que él siempre lo supo, jugó con ventaja, tenía el dato. Alguien le dijo 50 años antes que iba a transformar un oficio normal en algo trascendental. Él nos hizo trampa. Sino, cómo puede ser que haya dedicado toda su vida a algo que hasta su llegada había sido un oficio mas, él lo resignificó. Ya lo sabía, sabía que iba a ser importante para todos nosotros desde un lugar distinto, único. Sabía que iba a ser respetado y querido, sabía que iba a ser testigo de miles de historias y protagonista de muchas; él ya lo sabía, esta vez no me va a engañar.
Entonces, cuantas veces fingía que me retaba cuando me estaba enseñando, no me daba la llave del club a la siesta pero dejaba la ventana abierta, me escondía la paleta pero se iba para que yo se la robara, para que la sacara de abajo de la barra. Si habrá atendido el teléfono en esa pequeña cabina mágina calmando fieras reclamantes de personas, a ellas también las engañó. Era capaz de desandar el cuento de la buena pipa con una paciencia tibetana. Lograba imponer respeto y autoridad desde el otro lado de la barra, mas aún desde la vieja barra, la oscura, la alta y fronteriza barra acodada sobre la cancha vieja, en esos tiempos donde los modales y costumbres eran otros y el temple requerido era el máximo, “lo viejo también funciona”. Él nos engañó!. Fue construyendo sigilosamente una historia fantástica, se disfrazó de cantinero pero en realidad fue un maestro, ahora me doy cuenta. Cuántos pasamos por sus enseñanzas. Se escondió detrás de esa seriedad cuando amaba la picardía y la ironía, se disfrazó de pocos amigos cuando muchos se anotaban para caerle en gracia. Que hábil actor, como se puede ser compañero y amigo de tantas personas y tan distintas entre sí que convergen solamente en él, cómo me voy a creer eso. No se puede acompañar de la misma manera a ricos y pobres, borrachines y doctores, solemnes y chantas, no me lo creo, eso no lo hace nadie.
El disimuló durante 50 años y nadie se dio cuenta, hizo lo que quiso con nosotros, hoy lo sé con certeza.
¿Por qué alguien en su sano juicio va a preferir hacer sin mostrar, transformar sin avisar, ser sin aparentar? Como tiene el tupé de ser importante para la vida de las personas sin que lo descubramos, sin que lo notemos hasta ahora. ¿Cómo puede ser que no lo hayamos descubierto? Antes, a tiempo, para acusarlo de lo que fue: un formador, alguien que estuvo siempre ahí.
Es mentira, él nos engañó, nunca fue cantinero, el vino a otra cosa, vino a acompañar a los que andaban solos, a escuchar a los que no decían nada, vino a prestarle a los que no tenían, a poner en regla a mas de un torcido y vino a ser amigo de Papá, del mío y del tuyo.
Que frustrante no haberlo sabido antes, que torpe que fui. Él me engañó a mí también.
Como puede ser que no me haya dado cuenta que nunca me cobró los alfajores que me daba cuando era chico. Como me creí que se enojaba cuando hacía alguna macana cuando en realidad las festejaba, como pudo acompañar a tantos niños en sus hermosos momentos con ese gesto adusto, eso no es normal. Él siempre lo supo, jugaba con ventaja, alguien se lo había contado 50 años antes; y como todos sabemos este es un deporte de ventajas, el que las ve, las toma, y el que las toma, gana. Él nos ganó.
Ahora que lo pienso, tenía sus momentos de honestidad y era cuando lo vencía el tiempo, momentáneamente, claro; pero le quitaba de las manos esa autoridad. Eso ocurría cuando alguien partía, él lo sentía, no lo podía disimular, él lo sentía. Claro, sabía que quienes partían podrían aventajarlo en otro lugar y eso de tomar ventaja él lo había visto antes. Despidió a muchos. Una vez me hizo una trampa grande: resulta que Papá tenía una cuenta donde anotaba sus copas y cigarrillos, Tachi abría su cuaderno a rayas y anotaba todo y nunca decía nada, ahora me doy cuenta que tenía preparado el ardid, cuando Papá partió, un día tomé coraje y fui a pagar la última cuenta del viejo y ahí se dio la emboscada: “Tacha, te vengo a pagar lo de Papá”, le dije, a lo que él respondió sin inmutarse ”no pastelito, esta cuenta la pago yo, me pertenece…”. Y con una mirada nomas nos dijimos todo, acordamos dejar abierta esa parte de nuestras vidas para poder volver cuando la necesitemos. ¿A quién no le gusta volver donde ha sido querido? No la vi venir. Un amigo me confesó que le costó volver cuando se fue Papá, que se veían siempre en el codo de la barra, y cuando se animó a volver ¿quien estaba ahí? Tachi, listo para continuar con el libreto.
¿Por qué él resignificó el oficio de cantinero, porque nos hizo esto? Menudo lío en el que nos mete.
En tiempos donde todo es aparentar sin hacer, resulta que él pretende hacer sin aparentar. ¿Cuál será su próxima jugada? ¿Cómo puede una sola persona pertenecer a tantas otras? ¿Cómo se puede ser testigo de tantas cosas?
Cuánto habrá preparado esta historia de 50 años, y cómo nos tomó a todos de actores de reparto. Me tomé revancha y le dije una gran verdad en nuestro último domingo juntos: lo tomé del rostro y le dije “sabías que te quiero mucho no”. Me miró como siempre me lo hizo, con una mezcla de querer matarme y abrazarme a la vez, con los nervios de escuchar palabras que no siempre escucha, supongo, hombres en el Club diciendo te quiero, ja es mi venganza también.
Por momentos sentí que el paso de la vida se puede tocar, cuantas veces eché mano a algo tuyo sin darme cuenta, siempre estuviste Tacha.
¿Cómo se llama Tachi? Nunca lo supe, ni siquiera su nombre, ha sido siempre un engaño.
Como se puede trascender de semejante manera desde el ostracismo puro.
Te descubrí Tachi, me di cuenta hoy de cuanto me has formado y que poco te hemos dado, no creo que te salgas con la tuya esta vez, todos nos hemos dado cuenta de lo que has hecho por nosotros. Ahora lo sé, el Club Pelota no es un club, la cantina nunca fue una cantina y vos nunca fuiste cantinero. Vos sos un poco lo que somos cada uno de nosotros, los que estamos, los que ya no y los que se perdieron de estar.
Te descubrí Tachi, esta vez sí.