FES: La feria que refleja el espíritu emprendedor de Gualeguay
Hay lugares que se construyen con ladrillos, madera y estructuras. Y hay otros que se construyen, fundamentalmente, con esfuerzo. La Feria de la Economía Social de Gualeguay (FES) pertenece a esta segunda categoría.
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Cada domingo y feriado, la Costanera vuelve a convertirse en escenario de encuentro entre quienes producen con sus propias manos y quienes se acercan a conocer, comprar y acompañar ese trabajo. Detrás de cada puesto hay una historia, una familia, un emprendimiento y muchas veces un proyecto de vida que encuentra en la feria una posibilidad concreta para seguir avanzando.
La propuesta nació a mediados de 2016 a partir de un proyecto presentado ante el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, con la participación inicial de más de 15 puestos destinados a que emprendedores locales pudieran exhibir y comercializar productos elaborados o transformados por ellos mismos.
Con el tiempo, aquella iniciativa fue creciendo y encontró un lugar permanente en la Costanera. El 14 de julio de 2019 se inauguraron los stands fijos, ubicados en la continuación del puente peatonal.
Una historia construida con perseverancia
La continuidad de la FES no estuvo exenta de dificultades. Las condiciones climáticas, particularmente las tormentas, provocaron en diferentes momentos daños en algunos de los puestos y obligaron a afrontar reparaciones y dificultades para sostener la actividad.
Sin embargo, la feria continuó.
En la actualidad cuenta con 16 puestos fijos, equipados con electricidad e iluminación independiente, que permiten albergar a distintos emprendedores de la ciudad y puestos móviles con gacebos.
Ese crecimiento representa algo más que una mejora en infraestructura. Es también una señal de permanencia. De que detrás de cada stand hay personas que decidieron seguir apostando a sus propios conocimientos, habilidades y capacidades.
El trabajo como motor
La FES representa para muchos de sus participantes una fuente de ingresos y una herramienta para afrontar las dificultades económicas.
Los testimonios recogidos durante la jornada muestran que la feria no es solamente un lugar donde se vende un producto. Para algunos emprendedores constituye una parte fundamental de su sustento y una oportunidad para alcanzar objetivos personales y familiares.
En uno de los testimonios, una emprendedora explicó que la feria le permitió avanzar con la construcción de su casa. Otros participantes destacaron que representa una manera de generar ingresos y continuar adelante en un contexto económico complejo.
Ese aspecto social es, quizás, uno de los rasgos más importantes de la propuesta.
Porque detrás de un amigurumi (muñecos y figuras artesanales tejidos a mano), una artesanía, un producto gastronómico, una prenda, un bordado o cualquier otro artículo no solamente existe un precio. Existe tiempo, creatividad, aprendizaje y muchas horas de trabajo.
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Historias que se encuentran cada domingo
La recorrida por la feria permite descubrir una variedad de propuestas y, al mismo tiempo, conocer las historias de quienes las producen.
Entre los emprendimientos presentes aparecen propuestas gastronómicas, artesanías, costura creativa, amigurumis, pulseras, bisutería, bordados y otros productos realizados de manera artesanal.
Uno de los testimonios recogidos corresponde a Vanessa, unas de las emprendedoras de Accesorios, quien explicó que trabaja con costura creativa, amigurumis, pulseras y bisutería. Según contó, participa de la feria todos los domingos desde hace aproximadamente ocho años y destacó la importancia que tiene ese espacio para su actividad económica.
Su historia es una de tantas que forman parte de la identidad de la feria.
Ocho años de una propuesta que sigue vigente
La permanencia de los emprendedores también refleja la capacidad de la feria para convertirse en un espacio estable.
Hay quienes comenzaron como una experiencia complementaria, quienes encontraron allí una salida económica y quienes fueron transformando una actividad artesanal en un emprendimiento con continuidad.
La feria permite además establecer un vínculo directo entre quien produce y quien compra. Sin intermediarios, el visitante puede conocer quién está detrás del producto, cómo fue elaborado y qué representa para su creador.
En tiempos en los que muchas actividades comerciales enfrentan dificultades, ese contacto directo adquiere un valor particular.
Peluca Esperanza, solidaridad que también tiene su lugar
Dentro de la diversidad de propuestas, la feria también sirve como espacio para iniciativas solidarias.
Uno de los casos es Peluca Esperanza, que continúa recibiendo donaciones y participando de los encuentros de la Costanera y de diferentes eventos.
Según explicó una de sus integrantes, la sede central se encuentra en Gualeguaychú, donde se confeccionan las pelucas. En Gualeguay se reciben donaciones de insumos para el armado y cuidado, además de pelucas usadas que pueden ser recicladas. También se entregan pelucas.
Para las donaciones de cabello se indicó como requisito un largo mínimo de 20 centímetros. El cabello puede estar teñido o desgastado, siempre que se encuentre bien cuidado, mientras que el cabello virgen suele destinarse especialmente a la elaboración de pelucas para niñas.
Así, entre puestos de venta, artesanías y productos elaborados por emprendedores, también aparece una dimensión solidaria que amplía el sentido de la feria.
La Costanera como punto de encuentro
La jornada del 2 de agosto volvió a mostrar una característica que se repite cada domingo: la presencia de vecinos y visitantes que recorren los puestos, conversan con los emprendedores y conocen sus productos.
El buen clima acompañó el encuentro y permitió disfrutar de la Costanera, generando un escenario favorable para la actividad.
La concurrencia también aporta otro elemento importante: la feria se integra al movimiento cotidiano de la ciudad y transforma a la Costanera en un espacio donde el paseo y la actividad económica se encuentran.
Mucho más que una feria
La FES nació con un objetivo concreto: mejorar las condiciones de comercialización de los trabajadores de la economía social, estimular el desarrollo económico local, proteger al emprendedor y poner en valor la producción de Gualeguay.
Con el paso del tiempo, esa idea fue adquiriendo una dimensión mayor.
Hoy la feria también representa una parte de la identidad de la ciudad. Es el lugar donde un emprendedor puede mostrar por primera vez aquello que aprendió a hacer; donde una familia puede encontrar una alternativa para generar ingresos; donde un oficio puede transformarse en un emprendimiento y donde una producción artesanal puede llegar directamente a otro vecino.
Por eso, recorrer la FES permite mirar mucho más que los productos exhibidos.
Permite ver esfuerzo, creatividad, perseverancia y esperanza.
El orgullo de producir en Gualeguay
Hay un sentimiento que atraviesa la feria y que resulta difícil de medir en números: el orgullo de mostrar algo hecho en Gualeguay.
Cada producto representa una pequeña parte de la ciudad. Cada emprendedor lleva consigo una historia y cada puesto habla de una decisión: la de apostar al trabajo propio.
En una época marcada por dificultades económicas y desafíos cotidianos, sostener un emprendimiento no es una tarea sencilla. Requiere constancia, paciencia y capacidad para volver a empezar.
La FES ha atravesado tormentas, dificultades y cambios, pero continúa encontrando cada domingo una razón para abrir sus puertas.
Y quizás allí esté su mayor valor: en que la feria no solamente vende productos, sino que muestra que detrás de cada emprendimiento hay personas que siguen intentando, creando y construyendo futuro desde Gualeguay.
La Costanera vuelve a recibirlos cada domingo. Y allí, entre colores, aromas, artesanías, sabores y conversaciones, una parte del espíritu emprendedor de la ciudad vuelve a hacerse visible.
Porque cuando una comunidad acompaña a quienes producen, también está acompañando sus historias.
Y cuando esos emprendedores siguen apostando por lo que hacen, Gualeguay también crece con ellos.