Silvia Lafourcade
“Guardo hermosos recuerdos de El Debate, de los empleados, de técnica de armado e impresión arte”
Con motivo del 118º Aniversario de “El Debate”, conversamos con la Sra. Silvia Lafourcade, hija de Enrique Lafourcade y de Susana Quintana de Lafourcade quienes fueron propietarios y directores del diario hasta el año 1975. Muchos recuerdos de la infancia y juventud, de su relación con la empresa, los empleados de esos años, se agolparon en la memoria de Silvia.
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"Tengo hermosos recuerdos del diario y de las personas que trabajaban con mis padres. Uno de ellos era don Antonio Arena, muy fiel al diario, que aún siendo muy mayor iba todas las tardes. Otro recuerdo muy grato es de Mario Alarcón. Cuando papá muere, él queda como jefe de redacción y fue un gran apoyo para mi madre, porque ella de golpe quedó al frente de El Debate y era una época muy difícil, como ocurre siempre en este país", comienza diciendo S. Lafourcade.Luego continúa rememorando: "De los años que estuve en la administración me acuerdo de quienes trabajaban: los Arnaudín, Pato y Mamino, toda la vida como linotipistas. Antes que ellos, estuvo un señor Urquía, que aparte era el mecánico que arreglaba la linotipo que aún la conservan".Más adelante, S. Lafourcade nos comenta de la técnica que usaban para armar: "Para nosotros, cuando éramos chicos, era muy interesante ver el crisol donde se fundía el plomo. Esos plomitos que eran las letras; bajaban cuando tipiaban en un teclado. Así se iba armando la galera. Más adelante se compró una linotipo más moderna que simplificó el trabajo. También recuerdo a Miguel Arrigui que era el armador del diario. Tenían unas cajas de madera muy grandes donde estaban las letras con las cuales armaban el artículo letra por letra, pero al revés, de derecha a izquierda, de manera que al imprimirlo quedaba del lado derecho. Recuerdo que lo hacían muy rápido; un verdadero arte. Primero imprimían en una impresora plana; ya más adelante se pasó a la rotativa que fue un gran cambio y facilitaba el trabajo. Otra cosa que recuerdo que tenía formato sábana, era enorme"."El que hacía la tapa y el cierre era el "Negro" Ramírez que estuvo con nosotros mucho tiempo. También recuerdo al "Patón" Arrigui y más adelante Miguel Arrigui, Coco Retamar, Soncini. Como cadete estaba Adolfo Correa, a quien después de muchos años lo encontré en Córdoba y guardaba un lindo recuerdo de mi madre", nos comenta.Pero acuden recuerdos de otra actividad dentro de la misma empresa: "Guardo hermosos recuerdos, uno de ellos es de la imprenta del diario con unas máquinas llamadas Minerva que tenían un plato metálico circular y el rodillo pasaba con la tinta por sobre el plato. Esa imprenta estaba a cargo de las hermanas Ortigoza. Nos gustaba mucho estar en ese lugar porque usaban papeles de distintos colores para hacer los diferentes trabajos que encargaban las empresas y nosotros nos llevábamos todos los recortes".Su memoria le trae otros momentos: "Recuerdo una anécdota de cuando estuve en la administración, donde también estuvo Teté Morán, mi cuñada. Tenía que armar la parte de sociales; un día me planteo ir al archivo para ver los nacimientos que siempre se publicaban... "la familia tal recibió con gran alegría...". Me decía que ese niño estaba cumpliendo años tal día y publicaba su cumpleaños. Me nutría de esa información de años anteriores, pero un día hice cumplir años a un fallecido. Vino la familia indignada y no sabía dónde meterme y qué perdón pedir"."Ya en el año `70 me fui a Córdoba, me alejé y quedó mamá, con Ricardo y Martín, que era el más chico y que hacía su vida de bohemio. Muchas veces lo buscaban de noche para cerrar o corregir las últimas pruebas que quedaban y a veces no lo encontraban enseguida. Tenían una paciencia infinita y lo querían porque esperaban hasta que aparecía", comenta Silvia con un dejo de nostalgia. "A mamá se le complicó bastante en muchos sentidos, pero sobre todo en lo económico y terminó vendiéndolo a don Arturo J. Etchevehere en el año `75 que fue cuando se produjo la fusión con El Pregón" recuerda. S. Lafourcade."Cuando Enrique Lafourcade, mi papá, le compró el diario a Julio Aschkar, junto con don Adán Ernesto Carbone, Luis R. Mac Kay, el propósito principal era llevar adelante la bandera radical y eso le trajo muchos problemas, rotura de vidrios, amenazas muy feas. Mi padre fue senador provincial, era político de raza y estuvo desempeñando el cargo después de la revolución del `55. Pese a ello trabajó mucho para reincorporar gente que había sido despedida con la caída de Perón, no fue rencoroso, ni con espíritu de revancha por las amenazas, por los malos momentos que había pasado. Siguió su amistad con gente que no pensaba como él, por eso tengo interés en ver cómo opinaba, para lo cual me voy a tener que ir a los archivos y buscar los editoriales de esa época", expresa con mucha admiración.Para finalizar, S. Lafourcade recuerda: "Con papá tuve largas conversaciones cuando me vine de Paraná donde estaba estudiando para acompañarlos, porque él ya estaba enfermo. Todo ese clima me llevó a interesarme por la política y hasta leía los diarios de sesiones que le llegaban desde la Cámara. Ya era más grande, y siendo más maduro se plantea otro diálogo con los padres. Pero no duró mucho esa época porque papá falleció en el `68. A mamá no pude acompañarla mucho, ya tenía mi familia y no pude estar con ella en la empresa".
