La aburrida politiquería electoralista
La inflación en alimentos y bebidas mantiene la dinámica que viene mostrando en los últimos meses y sumó en la tercera semana de junio un avance del 0,6.
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Esto representa una caída equivalente a 1 punto porcentual respecto de la semana previa pero acumula un promedio de 3,4% en las últimas cuatro semanas y medidas punta a punta el índice de alimentos llega al 3,1%. Son datos que surgen del relevamiento semanal de la consultora LCG, según la cual "de no haber nuevos aumentos en el mes, las subas de las primeras tres semanas imponen un arrastre de 3,3% mensual" (Fuente: Carlos Boyadjian para El Cronista https://www.cronista.com/economia-politica/la-inflacion-en-alimentos-sigue-elevada-sumo-otro-0-6-en-la-ultima-semana/).
Pese a que el oficialismo pretende tapar el bosque con esta leve desaceleración inflacionaria, lo cierto es que en Argentina los alimentos están cada vez más caros. Como es sabido, esta situación perjudica aún más a los sectores más humildes.
Entre reuniones y mítines de tintes electoralistas, la agenda política de los funcionarios vernáculos pareciera no contemplar en demasía lo expuesto en el párrafo anterior. Es decir, parece interesarles menos que para vastos sectores de la sociedad sea cada vez más caro comer que los armados electorales y las resoluciones de sus internas y alianzas de cara a los próximos comicios legislativos.
Lamentablemente, cada vez se confirma aún más el hecho de que en Argentina la política no es una actividad para transformar la realidad de las personas sino una herramienta para obtener beneficios individuales y disputar no luchas colectivas sino, más bien, personales.
Una desaceleración inflacionaria no es una circunstancia para festejar ni vender como acertada. Sucede que en nuestro país la ciudadana se está acostumbrando a números irreales e irracionales en el aumento sostenido de los precios. Otra vez, la corporación política brilla por su ausencia. El pueblo les otorga la responsabilidad de administrar el Estado para evitar estas situaciones pero, al fin y al cabo, hacen agua por múltiples lugares.
La crisis sanitaria y económica del COVID-19 sigue azotando a Argentina. Sin embargo, los intereses de las autoridades parecieran estar en otros lados. Es imperante brindarles soluciones a las Pymes, los monotributistas, los trabajadores precarizados (entre otros) dado que si continuamos por esta senda, la degradación del aparato productivo será extremadamente compleja. Si a todas estas realidades le sumamos una inflación alta, el contexto se puede tornar aún más complicado.
Son momentos para hablar de trabajo digno, de que las gente pueda llegar a fin de mes y demás temáticas que le importan al grueso de la sociedad. La politiquería electoralista aburre y cansa cuando hay tantos ciudadanos que no la están pasando bien.
En fin, es tiempo de que la corporación política se corra de esa acrópolis VIP y exclusiva en la cual se maneja en su realidad paralela y comience a caminar la calle para ver lo que le ocurre a las personas.
