La buena convivencia en las vacaciones familiares…
Las vacaciones representan una oportunidad para distanciarse del ritmo cotidiano y fortalecer vínculos afectivos. Sin embargo, esto suele generar problemas en la convivencia y el descanso. La empatía, tolerancia a la frustración y ajustes en las expectativas, resultan fundamentales para prevenirlos.
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Un problema habitual es la discrepancia entre las
expectativas familiares: descanso, relax, actividades y salidas; algunos esperan grandes
momentos de conexión, otros pueden tener intereses diferentes, esto genera desencuentros y
frustración, entre grandes y chicos. Otra situación es la diferencia entre quienes quieren
hacer mucho y quienes quieren descansar; genera diálogos cortos y apurados, y carencias
en la comunicación en los demás; es frecuente en padres, querer recuperar el “tiempo
perdido”, y no coincide con la percepción de los hijos; no somos familias acostumbradas a
convivir 24x7 por las actividades. Esta convivencia genera también conflictos y momentos
de tensión por varios aspectos; depende de las edades de los hijos, es más fácil en parejas y
adultos generar acuerdos; en familias con hijos de distintas edades, estos acuerdos tienen
que generarse previamente para prevenir el caos; hay chicos/as más tranquilos, más activos,
más salidores, más sociales.
Los conflictos son por la puesta de límites; entre estas situaciones están: hiper-conexión a
redes sociales o tiempo de conexión en pantallas versus actividades al aire libre, playa, más
actividades lúdicas. Otro tema es no contar con el mismo espacio físico o comodidades, que
afecta la privacidad de cada miembro, en especial de la pareja; se habla de un burnout
parental o desgaste emocional de vacaciones: Después de vacaciones con los chicos,
necesito otras vacaciones en pareja.
Otro aspecto son los horarios y rutinas: para levantarse, ir a la playa o otras actividades;
requiere pactos previos y volver a conversar en su momento. En invitación de amigos, dejar
claro a quiénes, cuántas personas, sino quedamos en una vorágine de actividades, peleas,
discusiones que generan estrés. Estos roces existen, no son graves si se los tiene en cuenta y
nos ocupamos, pueden ser más intensos con adolescentes.
QUERIDOS LECTORES: Las vacaciones son un tiempo que hay que cuidar y tratar de
mantener preferencias, mediando con el resto de la familia. No es una tarea sencilla, pero
tenemos que lograrlo y cuando los chicos crecen, vamos consiguiendo mayor autonomía
cuando se independizan más. Vamos adquiriendo otras dinámicas familiares, también en
vacaciones; necesidad de independizarse y sentir que uno puede hacer lo que quiere, sin
estar obligando a los otros. Eliminar que tenemos que estar juntos todo el tiempo. Bajar el
tiempo en pantalla, el juego online y exposición a redes. Es un momento interesante para
realizar una especie de detoxificación de redes conectividad digital, que genera mucho
bienestar a nivel cerebral y psicológico. Apelando a la creatividad de las familias y a la
empatía de todos, es posible negociar felicidad grupal.
“Quien no merece tu energía, no merece tus palabras”
Séneca