Las “neuronas espejos” y la Trinidad
Nos transformamos en lo que contemplamos. Dicen los que saben que existen neuronas espejo a cierta clase de células del sistema nervioso que se activan cuando un individuo ejecuta una acción y cuando observa esa misma acción al ser ejecutada por otro individuo, especialmente un congénere.
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Las neuronas de ciertos animales y de los hombres «reflejan» el comportamiento del otro, como si el observador estuviera realizando la acción. Es por eso que solemos decir que la risa o los bostezos son “contagiosos”. Es que como expresa Octavio Paz: “El que mira siembra, las miradas son semillas” y es por eso que podemos decir “dime qué contemplas y te diré en qué te estás transformando, qué estás sembrando en tu corazón”.
Si yo contemplo sólo las riñas humanas, creeré firmemente que el hombre es “lobo para el hombre”; si yo miro sólo los distintos grupos sociales, pensaré que el ser humano está sometido irremediablemente a la lógica violenta “del amo y del esclavo”; si miro el vínculo amoroso de un niño con su madre desde mis desórdenes afectivos, me imaginaré un romance “edípico”; si sólo miro la realidad desde la perspectiva del consumo y el marketing, miraré a los demás como clientes o como proveedores.
Quien contempla pornografía sólo visualizará el cuerpo desde la perspectiva de los desórdenes de la lujuria y de los “tristes amores mal nacidos”, como cantaba Silvio Rodríguez: las neuronas espejos entrarán en una especie de adicción de satisfacciones inmediatas que impedirán el nacimiento de vínculos sólidos y sanos a largo plazo.
En cambio, si mi mirada tiene la perspectiva de la verdad, la bondad y la belleza, mis neuronas espejos verán cosas y conductas bellas y buenas verdades por todos lados; si estoy enfocado en la paz, la alegría y la esperanza, veré razones para la confianza a cada rato, aun en medio de las noches más oscuras. Si mi mirada está impregnada de la lógica del amor entregado-como la de Jesús de Nazaret- que completa y supera a la lógica de la mera justicia, seré portador de un nuevo tiempo de fraternidad. El que contempla la Trinidad, es decir la unidad de un Dios que, sin embargo, es Tres Personas, se acostumbrará a pensar la vida como un “encuentro”, como un continuo diálogo y una continua interrelación.
Quien mira por la fe ese misterio tendrá otro espejo más grande para ver la maravilla de ser persona en el marco de una familia, una comunidad, un pueblo. Así como en Dios hay perfecta comunión también hay perfecta distinción de Personas: quien mira con fe ese misterio tendrá la gracia de saberse “nombrado personalmente” en el marco de comunidades que le ayuden a ser quien es.
Asimismo, sus “neuronas espejos” tendrán el brillo de otros reflejos. ¡Caeré de rodillas “mirando” el misterio del “Uno y Trino” para que cuando luego salga a la calle de mi vida cotidiana pueda vislumbrar mi personalidad única e irrepetible en el marco de las vinculaciones! (Como sucede en la intimidad de la Trinidad). Poéticamente lo decía el beato obispo y mártir Angelelli: “Saben? Lo aprendí junto al silencio…/Dios es trino y es uno/es vida de Tres y un encuentro…/aquí la historia es camino/y el hombre siempre un proyecto”.