“Lo de él, es inocencia pura”
Esta es la historia de Bauti. Un niño de 4 años que tiene una condición, como todos nosotros. Porque nadie es igual a nadie, porque todos estamos condicionados por algo y porque a todos nos cuesta algo, alguna parte. Él, por ejemplo, tiene autismo.
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Cuando Bauti cumplió 2 años, sus padres lo llevaron al pediatra porque notaban que no hablaba. No decía ni ma, ni pa, ni agua, nada de lo que dice un nene a esa edad. El médico les dijo que si había balbuceado no se preocuparan, ya comenzaría a hablar. A los dos meses, los llamaron del jardín. Allí les dijeron que veían que su hijo no interactuaba con los otros chicos, que le molestaba la música, que jugaba solo. Él no llevaba la conducta de los demás niños. Si le decían que se sentara a dibujar quizá comenzaba a correr por toda la sala.También apilaba los juguetes, ordenaba los lápices del más grande al más pequeño. "A veces agarramos por otro camino para volver a casa y él empieza a empujarme hacia atrás como diciendo: volvé, este no es el camino. Pero vos le decía que no, que ya está, que ese también puede ser el camino y se tranquiliza y sigue caminando. Es increíble lo mucho que lo marca la rutina", me dijo Mariano, su papá.Además, él no puede sacarse las zapatillas, no le gusta. Tiene que estar muy relajado para sacárselas. Cuando está estresado no quiere escuchar nada. Si su papá silva él se tapa los oídos y hace un ruido más fuerte para no escucharlo. Tampoco le gustaba el arroz, no lo podía tocar. Entonces sus padres comenzaron a ponerle un juguete ahí dentro y él empezó a tocarlo. Lo mismo con la comida, no quiere siquiera probarlas. Quizá sea por los gustos u olores fuertes.Ellos también notaron que era súper ordenado y meticuloso, perfeccionista. Todo tiene que salir espléndido. Además, tiene una memoria increíble. Le fascinan los números y las letras en todos los idiomas. Practica distintos abecedarios, como el ruso, mirando videos. Se aprende canciones en otros idiomas. Y dibuja los números y las letras ciento de veces hasta que le salen perfectas. "Dibujar lo mantiene acá, en la tierra", me dijo Miguelina, su mamá. O repite una y otra vez una palabra que no le sale hasta que logra decirla."Al principio es duro por la palabra. Decís autismo y te imaginas cualquier cosa porque no sabes qué es", me confesó Mariano. "La relación con él es mucho más sincera que con otras personas, porque no hay grises, es blanco o negro. Y está bueno porque él es honesto, no tiene mentira, no tiene filtros, lo de él es inocencia pura. Además, tiene mucha empatía por el otro. Cuando las demás personas se sienten mal o están llorando, él automáticamente deja de hacer lo que está haciendo y va a ver qué pasa. No tiene vergüenza de preguntar, de ayudar. Es como que tiene lo que la demás gente no", contaba su papá, emocionado.Desde que comenzaron a asistir a los especialistas, desde los 2 años, Bauti cambió un montón. Hace terapia toda la semana. Va a la fonoaudióloga, a la psicopedagoga, hace terapia ocupacional que le ayuda a mejorar la parte sensorial. Pero va bien, va contento. Antes no te miraba, parecía que vos no existías. Pero ahora viene, te da un beso y busca jugar con vos. Si él quiere incluirse, lo hace. Ahora, si uno lo invita no es lo más seguro que vaya con vos.Sus papás me contaron que él tiene que reforzar el habla, le cuesta mucho la comunicación. Interactuar con otro lo cansa. Pero se hace entender y sus padres han buscado nuevas formas de comunicación, como por ejemplo repetir frases de dibujitos cuando están en diferentes habitaciones para saber si está bien. "Sé que va a pasar en algún momento, pero no me imagino teniendo una conversación con Bauti", dijo Mariano.Jardín fue muy distinto a lo que esperaban. Pensaban que iba a estar solo todo el tiempo, que lo iban a pelear y por suerte, nada de eso pasó. Este año lo llevaron a un jardín con pocos nenes, a un ambiente más tranquilo donde está más contenido y con una seño que realmente se ocupa y se preocupa. Eso lo ayuda un montón. Y los compañeritos también. Bauti llega, ellos le dicen hola y él no los saluda, sólo les sonríe y sigue de largo. Pero le tienen empatía desde el primer día. Sin preguntar o sin pensar el porqué, ellos lo aceptaron sin más."Tener un hijo con esta condición te lleva tiempo, mucho tiempo, voluntad, ganas y sobre todo mucha paciencia", dijeron Migue y Mariano. Por eso mismo es que, gracias a la ayuda de la terapia y a que sus padres pudieron dejar los prejuicios de lado, o que quizá jamás los tuvieron, les dijeron que Bauti tiene una probabilidad casi del 100% de ingresar a la sociedad "normalmente". Porque, después de todo, ¿qué es la normalidad? ¿No? Como escribe Gastón Dangelo en "Mi hijo Oliverio":Resumiendo, podría decir que mi hijo Oliverio es generoso con su alegría, es auténtico, mantiene su corazón puro y limpio, quiere apasionadamente, disfruta de las cosas importantes de la vida. Yo soy egoísta, miento, me lleno de odios ridículos, soy poco demostrativo y me pierdo de grandes cosas mientras persigo otras de menor valor. Es triste y absurdo que, en este mundo, en el que yo soy su padre, quien cargue un certificado de discapacidad sea él".Marilina Camino Gomensoro
