Los productores de citrus de Entre Ríos atraviesan uno de sus peores inviernos por precios bajos
Con una excelente cosecha pero una demanda insuficiente, los citricultores entrerrianos no logran cubrir los costos de producción. "Es una situación compleja", resumió Fernando Borgo, de la Federación Entrerriana del Citrus.
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Los productores entrerrianos de citrus atraviesan una de las temporadas más difíciles a nivel económico. Mientras las verdulerías exhiben mandarinas y naranjas a precios accesibles y con una oferta que parece inagotable, en el otro extremo de la cadena la realidad es muy distinta: los valores que reciben los productores no alcanzan para cubrir los costos de producción, el consumo interno permanece deprimido y los mercados externos siguen sin dar el respiro esperado.
"Es una situación compleja", resumió Fernando Borgo, integrante de la Federación Entrerriana del Citrus, al describir un escenario donde conviven una excelente producción con una demanda insuficiente.
Buena fruta, pero poca demanda
Paradójicamente, según el dirigente este es el mejor momento del año para consumir cítricos, ya que la diversidad de variedades permite encontrar fruta en su punto justo de maduración y calidad. Sin embargo, esa misma abundancia genera un cuello de botella para la producción: la coincidencia de numerosas variedades listas para cosechar incrementa la oferta justo cuando el poder adquisitivo de las familias sigue resentido.
El mercado funciona bajo una lógica simple: cuando sobra mercadería y falta demanda, los precios caen. El agravante es que la fruta no puede esperar, porque es un producto perecedero y dejarla en la planta compromete la cosecha siguiente. Eso obliga a muchos productores a vender muy por debajo de los costos, simplemente porque no tienen otra alternativa.
Una brecha que no para de crecer
Uno de los puntos que más golpea al sector es la distancia entre lo que paga el consumidor y lo que recibe el productor. Borgo puso un ejemplo: por un bin de entre 300 y 350 kilos destinado a industria, algunos productores llegan a cobrar apenas unos 10.000 pesos, un monto que equivale a lo que un consumidor paga por unos pocos kilos de fruta en una verdulería.
Esa diferencia no responde solo a la comercialización, sino a una larga cadena de costos —transporte, energía, empaque, impuestos y logística— que aumentó muy por encima de lo que recibe el productor.
La industria tampoco ofrece alivio
En otros años, la industrialización servía para absorber los excedentes de fruta fresca, pero hoy esa opción también perdió fuerza. Cerca de la mitad de la producción de cítricos dulces se destina al mercado interno, alrededor del 10% a la exportación y el resto a la industria de jugos, cuyo negocio también perdió rentabilidad tras la caída del precio internacional del concentrado luego de dos temporadas favorables.
Exportar sigue siendo un desafío
Pese a que Brasil se consolidó como uno de los principales destinos de la fruta entrerriana, las exportaciones distan de ser una solución estructural. Los altos costos internos y la logística dejaron fuera de competencia a mercados como los de Medio Oriente, mientras que nuevos jugadores como Sudáfrica ganaron terreno gracias a menores costos. En ese contexto, el sector sigue esperando la apertura del mercado estadounidense para los cítricos dulces argentinos, un objetivo que lleva más de una década de anuncios sin concretarse.
Una economía regional clave para la provincia
Según el último relevamiento de la Federación Entrerriana del Citrus, en la provincia hay alrededor de 2.200 unidades productivas y cerca de 2.000 productores, en una actividad que genera empleo permanente y estacional, especialmente en los departamentos de Concordia y Federación.
Consultado sobre las perspectivas, Borgo evitó pronósticos contundentes y ligó la recuperación del sector a que los consumidores recuperen poder adquisitivo, algo que consideró, casi, "una cuestión de fe".