El amor en el capitalismo: una mercancía de la sociedad de consumo
Finalizo hoy, luego de varias entregas, resumiendo un hermoso artículo tomado del Psicoanalista Enrique Carpintero. Me ha sorprendido gratamente la repercusión que provoca en los lectores las reflexiones sobre el tema “amor” aunque para algunos ha resultado un tanto difícil el lenguaje utilizado en estas notas. Podemos saber cuáles son los factores que nos llevan a los humanos al acto de amor.
También que pasa en nuestro organismo cuando nos enamoramos. Pero, ¿podemos saber por qué elegimos amar a una persona y no a otra? Creemos que hay un límite para entender racionalmente la experiencia amorosa. El azar, la casualidad de un encuentro donde una potencia ajena a nuestra voluntad nos lleva a actuar llevados por un sentimiento que llamamos amor. Este misterio es el que hace que sigamos escribiendo para entender lo que, en definitiva debemos vivirlo como experiencia. Dice Freud "un fuerte egoísmo preserva de enfermar, pero al final uno tiene que amar para no caer enfermo, y por fuerza enfermará si, a consecuencia de una frustración no puede amar".El modelo del amor pasión encuentra un marco normativo en el cristianismo donde el sufrimiento es concebido como modelo teológico de la salvación. Es el amor trascendente. Con el retroceso del cristianismo este sufrimiento amoroso halla una nueva fuente en el Romanticismo de los inicios de la modernidad. Sin embargo, esta idealización del amor debe ser disciplinada al servicio de la familia que cumple la función de reproducir el orden social dominante. Aún más, la imposibilidad del amor romántico encuentra su única salida en la familia patriarcal. De allí que la búsqueda de pareja tenía precisas recomendaciones para ambos géneros hasta principios del siglo XX, como se puede leer en un manual publicado en 1897: los hombres debían aprender determinados modales para caminar junto a las damas; estaba prohibido fumar delante de las mujeres; le ofrecía la mano correspondiente para ayudarla a subir a un vehículo. A la mujeres se les enseñaba a no perder el control; acompañar las conversaciones con algunas sonrisas; tenían que saber que comida preparar, que vino servir, que flores poner en la mesa y cuando hacer una reverencia. Estos códigos eran rigurosamente respetados para comenzar una relación de pareja cuya legalización dependía de los intereses sociales y económicos de sus familias de origen que eran las que concertaban el matrimonio. Este escenario es de la época pre moderna hasta los inicios de la modernidad precisamente a mediados del siglo 20 donde se unen amor y sexo. La formación de la pareja es considerada como un asunto que depende exclusivamente de sus integrantes que se establece desde un imaginario fundado en el enamoramiento y la relación emocional. En un texto referido a la historia de la familia decimos que "podemos señalar cinco grandes períodos históricos del desarrollo de la familia. En la antigua Roma el patriarca era el representante de Dios y su familia estaba constituida por los parientes, allegados y los esclavos. Luego aparece la familia tradicional (madre, padre e hijas/os) donde la autoridad patriarcal era una transposición de la monarquía. Su objetivo era asegurar la transmisión de la herencia. Por ello los casamientos se arreglaban entre los padres sin tener en cuenta los deseos de los hijos/as. Con el inicio del capitalismo en el Siglo XVIII nos encontramos con la familia moderna fundada en el amor romántico y la reciprocidad de los sentimientos. El patriarca representaba la figura de la burguesía industrial naciente aunque este esquema familiar también funcionaba en las otras clases sociales para reproducir la mano de obra y la ideología de la clase dominante. El inicio del "capitalismo tardío "años '60 y '70 se impone un tipo de familia basado en la relatividad de los vínculos donde las separaciones y las nuevas recomposiciones familiares son un destino posible de la organización familiar. A fines del Siglo XX nos encontramos que junto a la familia moderna ha aparecido una diversidad de organizaciones familiares que cuestionan la hegemonía del patriarcado: familias monoparentales, monoparentales extendidas, homoparentales, unipersonales, familias ensambladas, etc." Carpintero, Enrique "La crisis de la novela familiar freudiana",En la actualidad el sujeto se ha liberado de los envoltorios sociales de otras épocas y de los imperativos trascendentales de la teología para creer que construye su propio destino convirtiéndose en protagonista de su propia historia. La erotización del amor es paralela a la desaparición de los rituales y la desregulación de las relaciones románticas bajo el valor que adquiere el individualismo en el capitalismo tardío. Esto ha llevado a que las conductas consideradas tabú como ser soltero, la homosexualidad o la maternidad por fuera del matrimonio se han des estigmatizado significativamente. La sexualidad vivida como un secreto pasa a ser un preciado objeto de consumo fácil de ser intercambiado en el mercado de las relaciones sociales. Para ello se cuenta con manuales de autoayuda que enseñan como reconocer los valores que nos pueden hacer feliz. La felicidad es posible comprarla en cómodas cuotas. El dolor y el sufrimiento por amor no es un valor. Al contrario es la prueba de que no supimos elegir. Si fracasamos es por nuestra culpa. Por ello "el sufrimiento amoroso constituye un sentimiento que debe ser amputado, se lo debe amputar en nombre del hedonismo y utilitarismo para lograr salud mental. El sufrimiento es síntoma de un desarrollo psicológico defectuoso o de una amenaza fundamental contra la autoestima y el sentido del valor individual. Los criterios para evaluar el amor de pareja dependen de los atributos físicos, emocionales, personales y sexuales donde el amor se ha transformado en una mercancía más que circula en el mercado. El ideal del amor romántico es posible conseguirlo si uno tiene los valores necesarios para poder comprarlo. Hay términos psicológicos, estudios biológicos y técnicas de marketing que supuestamente permiten llegar a este ideal. Hoy son importantes los sujetos en su individualidad para que circulen y consuman. Su resultado son los fracasos amorosos que debilitan los cimientos del yo en tanto se sostienen en una ilusión. De allí la importancia de rescatar una ética que se sostenga en un amor basado en la alteridad. El amor como un punto de llegada y no de partida. El amor como construcción de un espacio identificatorio entre dos personas que atraviesan zonas oscuras y luminosas, erotismo y ternura, avances y retrocesos, contradicciones y recaídas. En definitiva, una experiencia única que se da entre dos sujetos singulares.Carpintero, Enrique, Revista Topía.Bauman Zygmunt, La cultura en el mundo de la modernidad liquida, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2013.
