El amor y su sombra
Continuación del ensayo sobre el amor del domingo anterior.
Enrique Carpintero dice que en el amor pasión encontramos una paradoja (también le llama OXIMORON) esencial: remite a lo absoluto, es el encuentro con una totalidad perdida (la otra mitad) pero para desarrollarse necesita de la alteridad, del encuentro con el otro. Esta imposibilidad lleva a la tragedia. El amor puro (del místico, del religioso) al prescindir del otro, tiene su máxima expresión en el sacrificio que lleva a la muerte. El amor encuentra su consumación en la muerte.El psicoanálisis sostiene que el amor no puede entenderse separado del odio. Ambos van juntos. No hay amor sin sombra; lo contrario es la oscuridad del desamor. Esto es lo que intenta explicar Freud cuando desarrolla el concepto de pulsión de muerte. Eros y pulsión de muerte. No le alcanza la fuerza de la pulsión de vida, de Eros para explicar cómo los seres humanos también insistimos en buscar lo que nos hace mal. Esta compulsión a repetir experiencias del pasado que no nos daban placer y que, inclusive en su momento tampoco aportaron satisfacción. Freud da como ejemplo un clásico de la novela romántica: "La figuración poética más tocante de un destino fatal como este, lo ofrece Tasso en su epopeya romántica, La Jerusalén liberada. El héroe, Tancredo, dio muerte sin saberlo a su amada Clorinda cuando ella lo desafió revestida con la armadura de un caballero enemigo. Ya sepultada, Tancredo se interna en un ominoso bosque encantado, que atemoriza al ejército de los cruzados. Ahí hiende un alto árbol con su espada, pero de la herida del árbol mana sangre, y la voz de Clorinda, cuya alma estaba aprisionada en él, le reprocha que haya vuelto a herir a su amada." Este texto que cita Freud contribuyó, durante los siglos XVII y XIX, a difundir la figura del amor imposible, víctima del destino, y que a pesar de todos los esfuerzos humanos conduce a la muerte. Freud destaca la ceguera trágica del héroe que mata a la que ama y repite su gesto matando de alguna manera su "alma" luego de haber matado su cuerpo.Lo que queremos destacar es como el amor puro pone en evidencia las consecuencias de un amor sin la presencia del otro: la melancolía, la angustia de muerte, la neurosis obsesiva, el masoquismo y el sadismo. En definitiva de la muerte. Pero no una muerte que acaece a pesar de los intentos de evitarla como en el amor pasión. Es una muerte buscada. Es un amor a la muerte. Esta estructura de pensamiento es propia de las perversiones donde el otro y, por lo tanto, el propio sujeto desaparecen. "Decimos que la perversión es el negativo del erotismo, es una sexualidad al servicio de la-muerte-como-pulsión. Una sexualidad que se le impone al sujeto como actos repetitivos. Una sexualidad sostenida en el sometimiento y la destrucción del otro. En esta lógica de la escisión, el amor se emancipa del erotismo y se distancia de lo que nos hace humanos. Así fuertemente mutilado se desliza hacia el dolor de la carencia, hacia los abismos de la oscuridad, hacia el callejón sin salida de la muerte. Freud sostiene: "el encuentro con un objeto es, en realidad, un reencuentro". Es decir, la manera en la que cada uno ha sido querido, el lugar que ha ocupado en la relación madre-padre-hijo, la relación con los objetos que lo han satisfecho en la infancia constituye lo que denominamos el espacio soporte. Este se conforma en una matriz que va a dar cuenta de sus relaciones amorosas en la vida adulta, tanto del lugar que va a ocupar en su pareja como de los objetos de satisfacción. Así la elección de los objetos de amor están determinados por el objeto del amor primero: la relación con un Primer otro. Cada elección de objeto va a ser un intento de recrear aquellas aspiraciones infantiles inconscientes que surgieron en esa constitución del espacio-soporte y que quedaron reprimidas por la prohibición del incesto. Es a partir de esta falta donde el amor tiende a la ilusión de una unidad. Es el deseo de ser Uno donde cada sujeto se ama en el otro. En el enamoramiento quien ama padece una falta de ser, y debe haberla para poder amar. Pero esta falta en vez de producir sufrimiento suscita exaltación. Freud lo explica diciendo que cuando amamos el yo se empobrece en beneficio del objeto pero este proceso no es doloroso porque el sujeto que ama se identifica con el objeto y participa de su goce. Por lo tanto el que ama no sólo muestra su falta de ser, sino que da y espera recibir. Por eso el enamoramiento fracasa cuando es doloroso. Debemos decir que fracasa cuando no se continúa en el amor como alteridad (es decir reconocer que hay dos).Bibliografía:Carpintero, Enrique, "La transgresión cuestiona lo natural del orden de la cultura" revista Topía.Alain Badiou Nicolás y Truong, Elogio del amor, editorial Paidós, Buenos Aires, 2012.
