El consumismo y las horas de sueño.
La siguiente nota está basada en un artículo de Cesar Hazaki. La corriente cultural mundial hegemónica promueve que el tiempo dedicado a dormir se acorte cada vez más. Nos encontramos con un nuevo tipo de situación colectiva que trae aparejados múltiples cambios: la vigilia se extiende sin parar y los humanos estamos más horas despiertos. Va imponiendo, casi en sordina, que el dormir sea considerado innecesario. El cambio que se viene produciendo es tan enorme que obliga a preguntarse por sus consecuencias. Ya todos los indicadores dicen que los seres humanos hacen enormes esfuerzos para integrarse a las largas vigilias que la cultura impone, que esa antigua y aceptada fórmula de “ocho horas de trabajo, ocho de ocio y ocho para dormir” ha quedado como una leyenda perdida. En esta adaptación a la ciudad iluminada y actuando como un adicto ante la multiplicidad de pantallas, el hombre se desvela.
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Pese al cansancio que puede sentir, sigue mirando pantallas hasta altas horas de la noche, sigue aferrado a su smartphone encendido que ahora ocupa el lugar central de su mesa de luz, sigue enviando o recibiendo WhatsApps, en definitiva, no cierra los ojos. Muy especialmente cuando participa de losCyber Monday que le proponen comprar por la web durante 24 o 48 horas seguidas. Cambia horas de sueño por tentadoras ofertas que no quiere perder. Todos anzuelos para incentivar el no dormir y que tienen como principal carnada consumir rápido y más barato. Este proceso de dormir menos, es un nuevo paradigma por el que se interesan vivamente las grandes empresasEl comienzo de la "deuda de sueño" está en el inicio mismo de la implantación de la lámpara eléctrica: "El martes 21 de octubre de 1879 finalmente cantamos victoria. Tras largos doscientos mil años de lucha, el ser humano domó la noche (...) en un laboratorio (Estados Unidos) la luz aplacó a la oscuridad. Durante 48 horas ininterrumpidas, una lamparita eléctrica incandescente se burló de la naturaleza: resplandeció con furia e hizo que la noche pareciera día."Desde Thomas Edison a hoy, el hombre disminuyó en tres horas la cantidad de horas que duerme. El nombre que este proceso tiene nos recuerda a los denominados países dependientes, cuyas deudas con los centros financieros son imposibles de pagar. En el caso de la deuda de sueño los consumidores, rompiendo sistemáticamente su organización biológica previa, parecen correr desesperadamente para alcanzar el ideal de no dormir. Lo notable es que lo hacen con gusto, con poca reflexión crítica sobre este gran cambio que incluye a niños y adultos.Se promueve un hombre cada vez más despierto, que llegado el momento logre por entrenamiento, por vía medicamentosa o alguna otra metodología, reducir al mínimo la necesidad de dormir.Esto se inició cuando la electricidad comenzó a iluminar masivamente casas y calles e hizo funcionar máquinas de todo tipo, para una gran cantidad de procesos productivos y fue empujando a que los seres humanos reformularan su vida. La electricidad no solo fue un cambio tecnológico, sino que se constituyó en la base de cambios culturales de alto impacto y como consecuencia, impuso nuevas condiciones para la vida en sociedad. Hoy estamos viendo cómo se van constituyendo los cyborg-Prometeos. Es decir, ni más ni menos que seres híbridos que muestran cómo ha caducado la versión que teníamos hasta hace muy poco tiempo de lo que creíamos que era un ser humano. Un proyecto global que produce una gran fascinación en los usuarios por las diversas formas de comunicarse por internet, cyborgs adaptados a la cultura consumista y aferrados a la placenta mediática por medio de pequeñas máquinas de comunicar, convertidas en fetiches imprescindibles.( Un cyborg es esencialmente un sistema hombre-máquina en el cual los mecanismos de control de la porción humana son modificados externamente por medicamentos o dispositivos de regulación para que el ser pueda vivir en un entorno diferente al normal)Crary, Jonathan: 24/7 El capitalismo tardío y el fin del sueño, Buenos Aires, Paidós, 2015.Cesar Hazaki: El planeta insomne.
