Envejecer en el siglo 21.
“Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes siempre procesan los mensajes que absorben. Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa actitud por el resto de sus días. Los padres y madres inteligentes se percatan que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro de su hijo.
Seamos constructores sabios y modelos a seguir. He aprendido que, independientemente de la relación que tengas con tus padres, los vas a extrañar el día que ya no estén. La gente olvidará lo que hiciste o dijiste. Pero nunca cómo los hiciste sentir.""Somos pasajeros del tiempo, lo tomamos al nacer y lo dejamos al morir, que el morir está incluido en el privilegio del vivir y que el envejecer es un triunfo de la supervivencia casi nunca lo pensamos, pero ya es hora que pongamos nuestra mente a trabajar y admitamos que somos o seremos viejos si la muerte no ha llegado antes"Amico resume muy bien en su trabajo sobre envejecer, los mitos prejuicios y estereotipos que perjudican la inserción del adulto mayor: una sociedad asentada sobre la productividad y el consumo y con enormes adelantos tecnológicos y donde la importancia de los recursos está puesta en los jóvenes y en los adultos que todavía están en la rueda productiva. La jubilación actúa como barrera demarcatoria, dejando fuera los que cumplieron 65 años, que engrosan las filas de los llamados "pasivos", obligándolos a replegarse sobre sí mismos a un reposo forzoso y aquí la primera idea errónea: la "pasividad".Otras ideas erróneas son que el adulto mayor busca el reposo, la inactividad, la soledad, la espera pasiva del final. La actividad no solo significa trabajo remunerado y juventud.Lea más en la edición impresa en papel
