Filosofía: la escuela cínica
Me parece bueno en este fin de año tratar de filosofar un poco, se me ocurrió investigar acerca de algunas escuelas antiguas: El fundador de la escuela cínica fue Antístenes, nacido en Atenas hacia el año 422 antes del Cristianismo. Después de escuchar y seguir las lecciones de Gorgias, se hizo discípulo, amigo y admirador de Sócrates. Muerto éste, enseñó públicamente, y sus discípulos recibieron el nombre de cínicos, bien sea a causa del sitio en que enseñaba Antístenes, llamado Cynosargo, Gimnasio público en Atenas frecuentado por plebeyos, bien sea a causa de la rudeza de sus costumbres sociales, o bien por las dos causas a la vez.
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La aparición de los cínicos se manifiesta en un contexto histórico determinado. Es una época de crisis ideológica y moral. Transcurre la segunda mitad del siglo IV antes de la era común y las comunidades libres y autárquicas están debilitadas y se encuentran al arbitrio del caudillismo militar y sus ejércitos mercenarios. La destrucción de la polis como marco comunitario independiente y autónomo significó entonces una fuerte conmoción espiritual. Es en este contexto histórico preciso cuando aparece el cinismo como síntoma. La libertad y la autonomía perdidas comunitariamente sólo podrían recuperarse de manera individual. La aparición de estos tipos y sus prédicas constituyen un síntoma manifiesto del malestar en la civilización y el rechazo de una cultura que denuncian como represora y retórica.Más que una escuela filosófica, hay que ver en el cinismo un movimiento intelectual que, reinterpretando la doctrina socrática, acuerda que la vida en civilización es un mal, que la felicidad se encuentra en la naturaleza y en una vida sencilla y frugal. El hombre con menos necesidades es el hombre más libre y a la libertad se llega mediante la transmutación de valores, en la inversión de todo aquello que se encuentra establecido. Por eso llevan como máxima "no ser esclavo de nadie ni de nada en el pequeño universo donde uno halla su lugar". El cínico detesta los grandes e intrincados discursos, por lo que practica su filosofía mediante juegos de palabras, teatralizaciones, gestos y grandes dosis de humor e ironía. Barbudos y groseros, armados de báculos y alforjas, estos predicadores de último minuto deambulaban por las calles llevando a cabo sus excentricidades. El cínico niega los valores de una sociedad que considera hipócrita y reivindica la falta de auténtica libertad y autonomía del individuo frente a la familia, la ciudad y la moral de compromiso.Gracias a la locuacidad y frescura de estos filósofos hostiles a las convenciones, el consumo y el progreso, la palabra cinismo ha entrado en manuales, tratados y burdeles filosóficos, estableciendo así una importante diferencia con lo que vulgarmente se entiende y asume como tal. ¿Son éstos buenos tiempos para el cinismo....para el sarcasmo y la ironía como forma crítica? Es evidente que el malestar cultural es agobiante, que se nos invita a renunciar a ella o, en su defecto a consumirla en forma abaratada o light. Vivimos en una sociedad aparentemente abierta y permisiva, que cuenta con implacables medios para marginar al provocador y ahogar cualquier protesta inconveniente con ayuda de los medios de comunicación...Transmutar los valores fue el viejo lema del cínico Diógenes. Pero en un mundo de pacotilla, ¿para qué sirve? Los comúnmente aceptados discursos sociales parecen subordinar la acción a la pura eficacia y erigen el pragmatismo como principio. ¿Cómo rebelarnos a ellos? ¿Será la carcajada del cínico una opción ante este evidente malestar? ¿La dignidad filosófica ha sido pisoteada como quería Nietzsche o sólo está encerrada en las academias? ¿Qué aspectos podría rescatar un nuevo cínico?En la Antigüedad griega se condecoraba a los deportistas con coronas de laureles o de pino. A veces se les colocaban sobre la cabeza o se cubrían con ramas de olivo. Sin mostrar mayor respeto por esto, Diógenes, remedando esas conmemoraciones olímpicas, se autoproclamó vencedor colocándose sobre la cabeza un puñado de ramas de pino, afirmando su victoria contra los obstáculos de la sabiduría. Evidentemente la fórmula no cayó bien, a lo que Diógenes comentó: "Corresponde a los chivos y no a los hombres combatir por una corona". Si se hace una transposición y pasamos del olimpismo antiguo a los valores contemporáneos del trabajo, por poner un ejemplo, encontraremos el mismo entusiasmo y las mismas prácticas. Se repiten desde siempre los mismos discursos y las mismas costumbres: la labor es el precio que hay que pagar para ser admitido en la comunidad, y señala netamente la sumisión del individuo al grupo. Algo que un cínico no puede aceptar."El amor al dinero es la causa de todos los males", dice el viejo cínico, y no suena muy ajeno.La palabra "cinismo" del lenguaje común nos evoca hoy a cualquiera de nosotros la actitud, bien conocida, propia de quien no acepta nada ni a nadie como sagrado y, movido por la pura indiferencia o el mordaz sarcasmo, se complace en utilizar palabras provocativas e insultantes para referirse a valores y sentimientos admitidos o incluso reverenciados por los demás; y, más aún, no duda en servir a sus propios fines sin importarle los medios empleados. Se trata de una actitud marcada no precisamente por un heroico y desafiante atrevimiento social ni menos aún por un compromiso ético firme, rasgos que caracterizaron, en cambio, a aquellos lejanos filósofos griegos del s. IV a. C. que fueron los primeros a los que se dio el apelativo de "cínicos" es decir, "perrunos", se les dio sin duda de modo peyorativo, y, sin embargo, ellos lo asumieron como el mejor timbre de la sabiduría y de la vida que preconizaban y alerta contra toda fácil asimilación basada en la evocación del cínico moderno, por ejemplo se les llamó equivocadamente cínicos a los hippies en los años 70.Extractado de; Historia de la Filosofía de Ceferino Gonzalez.
