La capacidad de dialogar
En notas anteriores analizábamos los fenómenos de acoso escolar y en otros ámbitos, presentamos un programa muy utilizado para prevenir el Bullying llamado Tutoría entre Iguales y en la presente nota se describe la necesidad de educar a los demás en la EMPATIA.
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¿Qué significa situarnos en el lugar del otro? ¿En qué consiste esta maniobra supuestamente difícil que podríamos asociarla a salirnos de nosotros?Pero no sólo dentro de una terapia se necesita poner en marcha esta capacidad que, por otro lado, se puede desarrollar y ejercitar y está ligada a la inteligencia interpersonal. A diferencia de la simpatía, de esa mutua calidez que hace que el otro nos "caiga bien", en la empatía los sentimientos del otro nos generan una profunda resonancia. ¿ Cómo haremos para ubicarnos en la otra persona? Podríamos pensarlo como dejar por un momento de conectarnos con nuestro mundo interno y tratar de asociar nuestro sentir a la experiencia por la que está transitando la otra persona. Esta actitud es imprescindible en el rol del terapeuta, y se conoce con el nombre de "empatía", siendo una condición imprescindible para poder comprender y dar respuestas.En vínculos caracterizados por un compromiso afectivo como la pareja, la familia o fuertes lazos de amistad, esta capacidad podría considerársela como una condición básica para la construcción, funcionamiento y enriquecimiento paulatino de la relación. Implica comprender al otro más que entenderlo; es una actitud que deviene del interjuego entre las emociones y el intelecto, pero con predominio del sentir sobre el pensar.Lamentablemente hoy esta capacidad está ausente en muchos vínculos. Es común observar a dos personas que hablan al mismo tiempo, lo cual tendría que ver con la presencia de niveles importantes de ansiedad que limita la espera a que el otro termine su relato. También es común la expresión "yo también" o "a mí me ocurre lo mismo" o "y yo... no tenés idea". Hasta se podría pensar que en algunos casos se establece una especie de competencia en cuanto a quién tiene más dificultades o cuál de las dos personas tiene el problema más grave. Aquí es importantehacer una distinción entre colocarnos en el lugar del otro y la utilización de los supuestos, tendencia muy común en la interacción humana. Muchas veces escuchamos la expresión: "yo sé lo que estás pensando" o "lo que pasa es que vos creés o vos sentís", lo cual suele generar confusión y perturbaciones en la relación.Nadie sabe lo que siente o piensa otra persona, hasta suele ocurrirnos que a veces nos cuesta clarificar nuestros propios y enmarañados pensamientos, más difícil o imposible será entonces "saber" lo que sienten o piensan los demás. Por suerte contamos con la valiosa herramienta de la palabra que nos permite preguntar acerca del estado anímico del otro sin enredarnos en los laberintos del complejo suponer, arriesgándonos a lesionar los pilares de la relación.Para colocarnos en el lugar del otro será saludable tener en cuenta que es necesario no quedarnos "pegados" al problema ajeno, que no quede dentro nuestro generando el consecuente malestar. Discriminarnos unos de otros cada uno con sus experiencias es la base de la salud mental, lo que a su vez permite asistirnos mutuamente cuando lo necesitamos.Al ser conscientes de nosotros, los vínculos se tornan más saludables y para ello será necesario mirarnos, escucharnos, observar cómo es nuestra interacción y responsabilizarnos de las palabras. Responsabilidad significa "capacidad de respuesta". Fritz Perls dividía esta palabra en dos partes: "response", que significa respuesta y "abilitiy": habilidad.Tener en cuenta además que en cada acto de comunicación verbal es tan importante el contenido como la forma de lo que decimos y si ambos aspectos no son concordantes genera confusión (si mis palabras dicen una cosa y mi rostro otra). Es importante desarrollar una capacidad de escucha empática y ejercitarla en los diálogos de manera atenta, amable y serena, para hacer del encuentro o de la convivencia espacios placenteros. Que el diálogo sea un recreo, aun aquel donde haya diferencias, un espacio de contención mutua donde los seres humanos nos reconstruimos constantemente.Humberto Maturana, biólogo y epistemólogo chileno hace referencia al "lenguajear" y asocia el "conversar" con el "bailar", con el "dar vueltas juntos". Entonces, que el diálogo sea una danza y nuestras palabras que tengan la musicalidad de una agradable melodía.Fuentes: Lic. Ana Nigro. Artículos.
