La crianza
Hablábamos el domingo anterior sobre los factores que inciden en la crianza, históricos, socio culturales e intrafamiliares. En cuanto al sistema patriarcal, desde las teorías feministas, se ha visibilizado que la relación entre patriarcado e infancia se da a partir de la producción, enseñanza y reproducción de los roles y estereotipos de género instaurados en distintos espacios e instituciones (familia, escuela, medios de comunicación, etc.).
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De esta manera, la crianza hacia los niños y las niñas no se da de una forma equivalente, sino que se imponen un conjunto de ideas y representaciones sobre cómo deben ser, actuar, pensar y vestir, a partir de los géneros asignados por la cultura dado su sexo biológico. Además, se les impone la heterosexualidad como la norma social universal (también conocido como heteronormatividad). Entonces, a partir de los géneros, se inculcan ideas binarias de los intereses, sentimientos, conductas, actividades de los niños y las niñas. Es decir, niño y niña es equivalente a: azul/rosado/, fuerte/sensible, independiente/dependiente, racional/emocional, etc. Otro factor a tener en cuenta es el Transgeneracional: Todo adulto está atravesado por una historia familiar, y en la crianza siempre hay elementos (recuerdos, vivencias, experiencias) de esa historia que el sujeto ha registrado en su psiquismo, y se manifiestan, directa o indirectamente, consciente o inconscientemente, en la relación con el/la niño/a. Ricardo Rodulfo plantea que todo niño está atravesado por una pre-historia familiar, es decir, por las generaciones pasadas. En toda pre-historia circula un mito familiar: Gestos, conductas, actitudes, palabras, normas, tradiciones, costumbres, son componentes que van configurando la dinámica familiar y se transmiten simbólicamente de generación en generación. Todos estos elementos, desde un punto de vista psicoanalítico, son prácticas cotidianas que se articulan como significantes que se repiten y transmiten de generación en generación, marcando la posición subjetiva del niño en tanto sujeto del inconsciente.El tipo de relación que un padre/madre establece con un/a niño/a está afectada por una historia familiar, y las funciones parentales/maternales se sitúan inevitablemente en esta red intergeneracional de significantes. La manera en que nos han criado, las palabras que nos han dicho, los golpes que hemos recibido, los valores y creencias que nos han inculcado, las costumbres y hábitos que hemos aprendido, son prácticas que, al estar situadas en el orden de la repetición, marcan la posición subjetiva del adulto en la dinámica familiar y configuran el vínculo intersubjetivo con el/la niño/a.Dice Beatriz Janin: "Podríamos decir que las prácticas de crianza son asimismo prácticas sociales que se replican en el tiempo, y que en nuestra sociedad particularmente, validan una cultura de la violencia hacia los niños, niñas y adolescentes. Por lo tanto, no es posible pensar la crianza desconsiderando la historia de un adulto. La historia es lo que nos constituye como sujetos, lo que moldea la identidad y la manera de relacionarnos con el mundo y con uno mismo." Además de estos factores, hay dos componentes centrales que constituyen la crianza, en cuanto a sus prácticas y lógicas, y que se sitúan en el ámbito de la subjetividad humana: Memoria e historia. La subjetividad entendida no en términos intrapsíquicos, sino que en una correlación e influencia mutua con el campo social, histórico, político, económico, etc. La historia (individual, familiar y social) del adulto, marcada por vivencias, experiencias, recuerdos, sueños, fantasías, moldean la forma de interacción y vinculación con el otro. Como mencionaba anteriormente, la historia es lo que consolida la identidad, la cual está construida siempre en relación con los otros (familia, trabajo, amigos, comunidad, etc.). Si la identidad es parte de la historia, y se (re)construye en relación al campo social, la historia no se restringe al ámbito familiar, sino que la trasciende. En segundo lugar, tenemos la memoria. Para Freud la memoria no opera simplemente a partir del almacenamiento de recuerdos del pasado que se hacen presente en la actualidad. No tiene que ver con la mera reproducción de vivencias subjetivas, sino que, con la reconstrucción, reelaboración, reinterpretación, de una serie compleja y múltiple de acontecimientos que se transcriben en la memoria a modo de recuerdos, huellas, fragmentos. Los recuerdos no responden a una fidelidad pura de la realidad, a los hechos en sí, sino que, a la recreación de esa vivencia pasada, a la interpretación singular de los hechos. Lo que aquí entra en cuestión es la subjetividad de cada persona, la cual responde a la singularidad de las vivencias. Memoria e historia se relacionan entre sí. La memoria responde a una historia pasada, a la interpretación de esa historia, y las prácticas de crianza no están ajenas a la historia y la memoria de un adulto que cuida a un niño. Cada vez que un padre o una madre se relacionan con su hijo/a, hay algo de la historia del adulto que se manifiesta en ese encuentro, ya sea a través de gestos, palabras, actitudes, conductas, etc.Por ejemplo, cuando a un padre le molesta de sobremanera ciertas acciones o conductas de su hijo, hace todo lo posible para que deje de hacer lo que está haciendo hasta el punto de maltratarlo. La psicoanalista argentina Beatriz Janin plantea que, en esa acción de maltrato, en eso que se quiere eliminar de un otro, generalmente, tiene que ver con algo que en realidad es insoportable en uno, que se quiere eliminar, y que retorna y se manifiesta desde el otro. El adulto en ese tipo de encuentro recuerda algo de sí mismo, de su historia, con el niño. Ahora bien, a pesar de que algo de la historia del adulto que se expresa en la relación con el niño, la crianza no es una mera repetición mecánica de aprendizajes, vivencias y enseñanzas durante la infancia, siempre hay nuevas experiencias y encuentros en la relación con un niño. Lo novedoso, lo creativo, es parte de la infancia. El que suelan hacerpreguntas, para los adultos muchas veces son incómodas, porque nunca se las han hecho y porque tampoco tienen las respuestas. El arte de la pregunta y de la creación son capacidades inherentes en los niños y las niñas que suelen poner en cuestionamiento el saber-poder adulto céntrico. Crianza, historia y memoria. Pensar la crianza sin la historia y la memoria es ubicarla en el presente borrando el pasado, cuando todo presente remite necesariamente a un pasado. Borrar el pasado implica desconocer aquello esencial que nos constituye como sujetos. Concebir a los padres y las madres como sujetos sin historia, es olvidar que en algún momento de sus vidas también fueron niños y niñas.Fuentes:-Sebastián Soto-Lafoy.Psicólogo.-Rodulfo, R. (1996), "El Niño y el significante". Editorial Paidós, Buenos Aires.-Janin, B. (2002). Las marcas de la violencia.
