Las Drogadicciones.
El hombre ha convivido con las drogas durante milenios, su uso estuvo siempre reglado, pautado y reducido a pequeños grupos y en determinadas condiciones; pero en las últimas décadas, las drogas, legales e ilegales, han entrado en la vida de lo cotidiano para convertirse en un fenómeno social y global: las adicciones. Se ha producido un cambio en la relación del hombre con las drogas.
Tres órdenes de factores nos permiten abordar el fenómeno adictivo, según el Licenciado Manavella: ellos son: objeto, al contexto y al sujeto. Lo consideraremos en forma separada a fines de análisis para luego pensar la articulación entre estas variables en juego, porque el sujeto está inmerso en una sociedad y siguiendo a Emiliano Galende, "no existe una subjetividad que pueda aislarse de la cultura y la vida social, ni tampoco existe una cultura que pueda aislarse de la subjetividad que la sostiene".OBJETO: Las drogas han estado allí desde el principio de la humanidad, y no podemos de dejar de considerar que la mayoría de las sustancias tienen un origen médico. En el siglo XIX, los compuestos químicos que hoy identificamos como "drogas ilegales" eran utilizados como medicamentos irremplazables contra el dolor. Los objetos no son buenos o malos porque si, sino en función de cómo y de qué manera los empleamos, esto se demuestra con la cantidad de adicciones a diversas cosas a las que sería muy difícil atribuirle un poder tóxico. Por otra parte, además de sus efectos químicos, en algunos casos devastadores, tenemos que resaltar la difusión universal de las drogas en general, su aceptación en lo cotidiano y su valor como mercancía, esto último la ubica como un objeto de consumo, pero no uno más, ya que no solo tienen el poder de despertar el deseo, sino que además pueden mantenerlo vivo. En la actualidad asistimos una masificación e incorporación de sustancias y esto hace, que en algunos enfoques, las drogas tomen el centro de la escena, adquiriendo un protagonismo emblemático, en tanto se proyecta en su existencia, la causa de todos los males, la "teoría del virus", del "flagelo de la droga", etc., identifican a la droga con una especie de ente mágico, con poderes demoníacos, que infecta el cuerpo social sano, sobre todo el formado por los jóvenes, al modo de una epidemia social, quedando la sociedad como la víctima de un daño que viene de afuera. "Las drogas no originan problemas sociales, en todo caso, los complican". Esta omnipotencia del tóxico, esta proyección del enemigo afuera, es adoptada por el propio sujeto adicto, quien de esta manera, adquiere una identidad precaria, al mismo tiempo que se excluye como responsable de su acto al sostener la creencia que es la sustancia química la que determina su adicción.En cuanto al contexto social, ya Freud desarrollo en "El malestar en la cultura" lo insoportable de la vida del hombre en la sociedad, ante la exigencia cultural de renunciar consecutivamente a toda demanda instintiva. En primer lugar podemos considerar la forma de definirla como una sociedad de consumo, donde por un lado, tenemos seres humanos deseantes, ávidos, impacientes, que anhelamos, en el mejor de los casos, la felicidad, el bienestar y a quienes "las cosas tienen un poder de colmar. En consecuencia, ansiamos cosas. Mirarlas, tocarlas, gustarlas, inhalarlas, escucharlas..., poseerlas".Compartimos una sociedad que, por todos los medios posibles, ofrece objetos idealizados por su valor sociocultural, objetos que "hacen de soporte de la identidad por su valor de consumo y se agota en las dimensiones de la pura presencia - ausencia". Necesidad de su presencia y desesperación por su ausencia insoportable. Pensemos en los típicos objetos de consumo, entre los cuales podemos ubicar las drogas, pero también los alimentos, los videos, las computadoras, otras personas también.Continuaremos con comentarios acerca de un trabajo presentado por Javier Vicente Manavella, acerca del fenómeno adicciones.
