Los reproches entre padres e instituciones educativas. Continuación.
Para finalizar algunos comentarios sobre un artículo de Javier Fernández Moujan quien dice: Negar la crisis de la educación ya no es viable, salvo que optemos por jugar a un “sálvese quien pueda” negador de lo evidente.
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Ignacio Levkowicz y Cristina Corea establecieron los vínculos entre "Infancia destituida" y crisis de la Educación, en un mundo con una cultura dominante cada vez más consumista y más invadida por los medios, por ello no debemos negar la crisis pero tampoco pretender enfrentarla con las herramientas que estaban diseñadas para otra cosa.En primer lugar, no debemos ser ingenuos. Darnos cuenta quién educa y con qué intereses.En segundo lugar, revisar los reproches para reasumir responsabilidades, pero desde un lugar nuevo, sin buscar chivos expiatorios que nos libren de culpa, y sin esperar salvadores que hagan el trabajo por nosotros. Y finalmente crear herramientas nuevas. Lo que no existe hay que inventarlo, ponerlo en práctica.Si asumo algo de lo que reprocho como algo propio, que está en mis manos modificar, colaboraré con la modificación que hará la otra parte. Y pasaremos de padres vs. Escuela a un "nosotros" que se reconoce inmerso en una cultura de la que somos parte aunque la critiquemos.Revisaremos algunos de los reproches de los que hablábamos el domingo anterior:a) "No ponen límites". Cuando los maestros expresan esta queja, reprochándosela a los padres y madres, es porque a ellos mismos les cuesta hacerlo. Porque observan un desborde pulsional incontenible y no saben qué hacer con el mismo. Desde ya que "el no poner límites" es publicidad que sólo quiere el consumo, y por los medios que sólo quieren rating y seguidores. Los límites son difíciles en la era de la inmediatez y de la omnipresencia de los medios. Hace muchos años llegaba un momento en que se acababa la programación. Uno tenía un límite en mirar la televisión, había unos pocos canales locales y nada más. Después la pantalla se llenó de canales, a toda hora y de todas partes del mundo. Ahora tenemos los beneficios de canales de internet, canales o páginas como Netflix, que hacen interminable la visión de series y películas en el momento en que uno quiere verlas...a los adultos les cuesta no ver series que antes veían una vez por semana y tal vez duraban meses en un fin de semana intensivo. Imaginemos qué puede pasarle a un niño o niña, que al terminar lo que estaba viendo le aparece una o más opciones de seguir con algo parecido, o la continuación... no estamos hablando de adicciones, pero es inevitable pensar en ellas.b) "No cuidan a mi hijo". Generalmente esta queja viene asociada a la posibilidad de golpearse-corporal o emocionalmente- ya sea por accidentes o peleas con compañeros. Dice Fernández Moujan:- ¿es posible que los propios progenitores que expresan este reproche a la institución sospechen que ellos mismos no pueden cuidarlos a semejante nivel? ¿De dónde viene la pretensión y exigencia de tal seguridad? ¿Puede un chico crecer sin golpearse?, ¿Puede jugar en un patio sin lastimarse las rodillas contra el piso, sin ofenderse porque no le pasaron la pelota o porque las amigas hicieron rancho aparte y se dijeron secretos?- ¿se puede en el planeta tierra, subir o bajar una escalera sin correr riesgo de caerse o lastimarse, como si se pudiese evitar la fuerza de la gravedad o la dureza de la tierra firme? Sin embargo, tales mensajes sí nos llegan y calan tan hondo saber que existen padres y madres de carne y hueso, que saben cómo es la vida, que pretenden tales niveles de seguridad y cuidado. ¿Será por el mensaje constante de que vivimos en un mundo inseguro? ¿será por el tratamiento que le dan los medios a cada accidente, a fenómenos como el bullying o a cualquier situación de violencia? También podríamos preguntarnos sobre el descuido que tal vez los propios padres y madres sospechen de sí mismos por la falta de tiempo y/o dedicación hacia sus hijos. Ni hablar de sus propios miedos y la certeza de que ellos tampoco podrán protegerlos de todos los males... cuando el mensaje mediático es que hay que estar protegido.Cuidar sí pero... ¿cuidar de qué? ¿Cuidar cómo y a qué precio?C) "Descuidan la alimentación". No es muy difícil, en el mundo del pochoclo y Coca cola, Mac Donald y Monsanto pensar que la alimentación de los niños está descuidada.Dice el especialista:-¿Es el comedor o kiosco escolar un negocio con derecho a ser tan inescrupuloso como otros, o debe ser otro espacio de cuidadosa educación dentro de la institución? ¿Quién gana, la publicidad o las marcas, lo masivo y masificado, el consumismo...o el pensamiento crítico, la alimentación saludable? ¿Lo más fácil y barato? ¿Lo más rentable? Las respuestas dependerán de nuestro compromiso afectivo con los niños, si lo vemos como personas o como clientes.D)"No hacen nada con los que pegan o insultan". Aquí los padres y madres, tan temerosos de ser autoritarios o tener "mano dura" con sus buenos hijos parecen pedir muchas veces mano dura para los chicos malos. Es cierto que, muchos nos vemos sobrepasados ante las situaciones de violencia, fundamentalmente porque no queremos darle lugar a la violencia, pero tampoco queremos reproducirla, ya que si lo hacemos caemos en la paradoja sin fin de la fábrica de violencia. Hacer algo distinto, estar en la búsqueda de "un algo distinto" para hacer ¿Es no hacer nada?, ciertamente que no.El problema es que los niños son niños. No se los puede juzgar y castigar cuando lo que se está haciendo, teóricamente, es educarlos, integrándolos a la cultura.Este juego de reproches cruzados no hace más que postergar la reflexión y la acción que nos permita encontrar caminos viables para las problemáticas actuales. El desafío actual de la educación—la que se da de padres a hijos, la que se da en las instituciones educativas- es poder educar contra la corriente de la invasión mediática, inescrupulosa, y sin ningún "interés de verdad en los niños de carne y hueso".Bibliografía:Corea Cristina, Lewkowicz Ignacio, Infancia Destituida. Buenos Aires.Fernández Moujan, Javier, "los reproches".
