Coaliciones gubernamentales antes que coaliciones electorales
A la hora del armado electoral, los candidatos de nuestra política vernácula suelen caer en la misma trampa: construyen o pretenden configurar coaliciones electorales antes que coaliciones gubernamentales.
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A menudo observamos en los diversos procesos (pre)electorales un sinfín de negociaciones, alianzas, internas, discusiones y dimes y diretes. Todo esto sin el sustento del elemento que debiera ser el más importante: un plan de gobierno. El armado de las coaliciones electorales por parte de los candidatos pisa en falso al intentar levantar las paredes antes que construir los cimientos. Esto es, los interesados en llegar al poder estatal reparten cargos, pelean por éstos en profundas internas, discuten, se enfrentan, muchas veces guardan sus banderas ideológicas originales en términos humillantes y se distancian de los que antes eran sus allegados políticos para impostar un posición de dudosa transparencia con respecto a diversos temas de coyuntura, chicanean, se publicitan y se mueven por la foto y el discurso vacío. Todo esto sin trabajar en lo fundamental: una estrategia para solucionar los problemas de la sociedad.
Cómo consecuencia de lo planteado en el párrafo anterior, los frentes políticos se miden en términos de oportunidad electoral más que en sustentabilidad gubernamental. Cuando esto ocurre y las coaliciones cumplen su objetivo de llegar al poder, es que los gobiernos implosionan y fracasan. La realidad va mucho más allá de una elección, a la hora de gobernar es imposible accionar cuando el plan de gobierno nunca quedó claro entre los participantes de un determinado frente. Es inviable gobernar efectivamente cuando lo único que se discutió previamente en la coalición triunfante es la repartición de cargos y la comunicación política de esa elección. Los políticos se valorizan en sus capacidades gubernamentales, no solamente en sus virtudes eleccionarias.
En Argentina las contingencias sociales son muchas y variadas. En este sentido, las planificaciones políticas no pueden apuntar exclusivamente a ganar una proceso electoral. La plataforma programática se torna fundamental. Desde allí es donde se deberían construir los armados.
La política es la herramienta más importante para transformar y mejorar la realidad de las personas. En esta línea, su propósito no se agota en ganar una elección. Por el contrario, trasciende este suceso. El primer fracaso de toda coalición es la configuración desde adelante para atrás: primero las personas y luego los programas. Enorme error dado que las primeras van y vienen (aún más en nuestro país) pero los puntos programáticos de gobierno debieran ser al largo plazo. Es así que se tendrían que mantener en el tiempo más allá de las personalidades y las internas de un frente político determinado.
Crecimiento per cápita negativo desde hace más de una década, endeudamiento externo e inflación descontroladas. Allí están los problemas de Argentina. Están a la vista de todos. La máquina de generar pobreza en la cual se ha convertido nuestra macro mantiene su motor en aquellos elementos mencionados. Aquí es donde urge un plan socioeconómico y político para el manejo y la gestión de estas variables. Sin éste, cualquier planteo de desarrollo de parte de las diversas coaliciones electorales es inviable.
Julián Lazo Stegeman