CAMBIA, NO TODO CAMBIA.
La primera vez que escuché hablar de Abelardo Castillo fue promediando la década de los noventa. No es que no supiera de su existencia, pero no lo había leído aún y no conocía casi nada acerca de este autor. Lo curioso no es que escuchase su nombre; sino que esto era en un noticiero y era por su cuento "El Marica". Lo que era peor: a una profesora de Lengua de Rosario se le había ocurrido leerlo en un colegio secundario causando gran revuelo entre los padres de los alumnos. A veces lo sigue siendo, pero veinte años atrás no se andaba hablando de maricas así como así en las escuelas. De alguna manera ese día agendé en la memoria que debía leer a Castillo y lo pensé rosarino. En realidad, es de San Pedro por elección.El vocablo marica hace alusión en nuestra lengua a un hombre afeminado, a alguien de poco ánimo, de poco esfuerzo, poco macho. Este gran cuento de Castillo narra la historia de unos amigos que van a una casa, ni siquiera llega a ser un burdel, a debutar sexualmente con "una gorda que cobra cinco pesos". Quien narra el cuento es el único que era amigo de César, el marica, se juntaba con él, lo defendía, no se reía y hasta ligaba gastadas por andar de acá para allá con César. Pero la noche que van a lo de la gorda, césar que va engañado se escapa. Sale huyendo y de alguna manera al menos para los demás presentes confirma su condición. Y ese era el propósito del grupo.El relato consiste en una especie de confesión que le escribe, tiempo después, su amigo a César para disculparse, para aliviarse, para descargarse de aquel episodio y su reacción atragantada durante años. "Vos eras raro. Uno de esos pibes que no pueden orinar si hay otro en el baño. En la laguna me acuerdo, nunca te desnudabas delante de nosotros. A ellos les daba risa, y a mí también, claro; pero yo decía que te dejaran, que cada uno es como es" Así describe a su amigo en el texto.El otro cuento se llama "La madre de Ernesto" y es un claro ejemplo de cómo pasa el tiempo cambian las cosas, las situaciones... y algunas cosas jamás cambian. A este cuento también lo protagoniza un grupo de amigos, donde se encuentra Ernesto. Su madre hace algunos años lo ha abandonado a él y a su padre tras una compañía teatral. Ahora ha vuelto a la ciudad a trabajar en un club nocturno. Ernesto se ha ido al campo y frecuenta muy poco al grupo. Estos amigos atravesarán el dilema si ir a ver a esta mujer o priorizar que es la madre de Ernesto. Julio, uno de ellos será no sólo el que instaló la idea sino el que irá convenciéndolos uno a uno para ir." _ Se acuerdan cómo era. Claro que nos acordábamos, hacía tres meses que nos veníamos acordando. Era morena y amplia; no tenía nada de maternal. _Y además ya fue medio pueblo. Los únicos somos nosotros. Nosotros: los únicos. El argumento tenía la fuerza de una provocación, y también era una provocación que ella hubiese vuelto."(...) "_ Por lo general, todas éstas tienen hijos. Madre de alguno iba a ser. _ No es lo mismo. A Ernesto lo conocemos." Finalmente irán pero si bien ellos han tratado de minimizar la circunstancia de que sea la madre de Ernesto, para la mujer ellos siempre serán los amigos de su hijo.Espero busquen estos cuentos y por qué no algún otro. Qué disfruten a Abelardo Castillo y su cuentística.Alejandra Cordero.
