BOCETOS PARA UN LECTOR
CUENTOS CORTOS PARA SER UNO
Augusto Monterroso es seguramente el más representativo de los autores de microrrelatos, también llamados microcuentos o minicuentos. Puesto que su microrrelato "El Dinosaurio" (1959): "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí", no sólo dio a conocer su nombre, su obra; sino este género de forma masiva varias décadas después. Este microrrelato fue el cuento más corto del mundo en la Historia de la Literatura hasta la aparición del minicuento "El Emigrante" (2005) de Luis Felipe Lomelí "- ¿Olvida usted algo? -¡Ojalá!". Y este fue superado por el que escribió Juan Pedro Aparicio "Luis XV" (2006) de una sola palabra: "Yo".Al igual que cuando referimos a poesía se hace muy difícil referir a microrrelatos sin citar el texto completo o buena parte del mismo, dada justamente su brevedad. El texto en el que quiero que hagamos foco es un poco más extenso de Monterroso, hondureño, que se nacionalizó guatemalteco, y que se exilió en México que lo cobijo hasta su muerte. "La rana que quería ser una rana auténtica": "Había una vez una Rana que quería ser una rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello. Al principio se compró un espejo donde se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl. Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica. Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían. Y así fue haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena Rana, que parecía Pollo."A este texto se lo puede relacionar con otro del mismo autor. "La mosca que soñaba que era un águila". Y a su vez a los dos con el cuento "Los sueños del sapo" de Javier Villafañe y seguramente me dirá algún lector en este momento que ese es un cuento para niños. Pero el tema de la Literatura y las correspondientes edades es una discusión abierta y cuántos cuentos para niños nos invitan a la reflexión también a los adultos.Recuerden que los cuentos aquí citados se pueden leer o escuchar en algún sitio Web y que debiera ser nuestra meta ser nosotros mismos, ser uno, la mejor versión posible de nosotros mismos.Alejandra Cordero
