Prof. Alicia Hauscarriague
ERIC HOBSBAWM: una Historia viviente
“Como historiador y ser humano he tratado de entender y de hacer entender apenas una parte de nuestra época, casi incomprensible, y he intentado también, con mi obra, dar mi aporte con el fin de que nos acerquemos mutuamente.”
La primera vez que leí a Eric Hobsbawm fue, recuerdo, en La Era de la Revolución, desde entonces su modo de encarar la Historia me atrapó de una vez y para siempre. Esta apreciación no se limita a mi opinión ya que, a nivel internacional, fue considerado sino el más, uno de los más importantes e influyentes historiadores del siglo XX. Su estilo de narrar la Historia lo convirtió en paradigma del movimiento de historiadores marxistas británicos. Al respecto comenta Lao-Montes: Hobsbawm fue pionero en estudiar y escribir la historia de sujetos olvidados tanto en la historiografía hegemónica como en la esfera pública, en una suerte de historiar no solo desde arriba (es decir, desde las estructuras y los grandes procesos) sino también desde abajo (desde la perspectiva de la agencia histórica de los sectores y sujetos subalternos) : "Esta imagen puede servir de punto de partida para la tentativa de un historiador de desandar un sendero a través del espinoso terreno del siglo xx: hace ochenta años cinco criaturas fueron colocadas por unos adultos en una terraza de Viena para tomarles una fotografía, sin ser conscientes (a diferencia de sus padres) de estar rodeados de los escombros de una derrota, de unos imperios en ruinas y de un colapso económico, sin ser conscientes (lo mismo que sus padres) de que tendrían que abrirse camino a través del período más sanguinario y a la vez más revolucionario de la historia." Continúa Lao-Montes: "Fue figura fundamental de la modalidad historiográfica que llamamos historia total, la cual buscaba analizar y narrar el movimiento conjunto de los procesos históricos en su multidimensionalidad que solemos distinguir como historia social, cultural, económica y política. Esto supone un quehacer transdisciplinar y una narrativa plural de procesos entrelazados" . Asimismo, provee a su relato histórico de otro dinamismo espacio temporal que le permite desplazarse entre presente-pasado, presente-futuro y la integración presente-pasado-futuro. Este dinamismo le permitió escribir "la mejor historia del siglo XX" a pesar de haberse especializado en el siglo XIX. Allí realiza una relación comparativa entre procesos y conceptos de los siglos XVIII y XVX por ejemplo en Naciones y nacionalismo desde 1780, con las modificaciones que percibe en el XX, fundamentalmente, en sus últimas décadas, abordando la idea de estados-nación desde la óptica de la globalización: "El problema de la globalización es la aspiración a garantizar un acceso tendencialmente igualitario para todos los productos de un mundo que es, por su naturaleza, desigual y distinto. Hay una tensión entre dos 'abstracciones'. Se intenta encontrar un denominador común al que puedan acceder todas las personas para cosas que no son, repito, accesibles naturalmente a todos. Y ese denominador es el dinero, es decir, otra 'abstracción". Dentro de este nuevo proceso de identidad nacional y globalización incluye la xenofobia. "... la xenofobia, no es nueva, pero sí que es cierto que subestimé sus dimensiones y sus implicaciones en mi propio trabajo sobre el nacionalismo moderno ... la nueva globalización de los flujos migratorios ha consolidado la larga tradición de hostilidad económica popular hacia los grandes movimientos de personas, así como la resistencia contra todo aquello que se percibe como una amenaza contra la identidad cultural del grupo." Además, vale destacar el sentido dramatismo con que encara la diferencia entre genocidio y limpieza étnica: "Genocidio se ha convertido en un término utilizado con exceso y, por tanto, se ha despreciado ... El genocidio es un proyecto de eliminación total de una etnia ... La limpieza étnica es un fenómeno que se manifiesta según varios y diversos niveles de gravedad, y puede ser llevada hasta los extremos del genocidio. Es algo ya de por sí lo bastante horrible, no hay ninguna necesidad de empeorar su sentido identificándola con el genocidio". Desde la lectura de sus obras, escribe Luís Alberto Romero: "Hobsbawm "resolvió el problema de contar la historia y a la vez explicar su trama" a través de "su manera de apoyar cada idea abstracta con un ejemplo concreto -un personaje literario, un edificio, una costumbre- y su capacidad de vincular todo con todo y lograr ese pequeño milagro de presentar, en una larga historia, las imágenes de la historia viviente". Como ejemplo de esta apreciación Hobsbawm desarrolló una significativa ejemplificación: "La dialéctica de las relaciones entre globalización, identidad nacional y xenofobia tiene un claro ejemplo en una actividad pública donde se dan cita las tres: el fútbol. El 1 de octubre del año pasado, a los 95 años, falleció Eric Hobsbawm conservando una lucidez impecable que le permitió seguir escribiendo artículos hasta pocas semanas antes de morir. La reflexión que realiza Julio Vaquero Iglesias -a la que adhiero en su totalidad- plasma la esencia de lo que fue, es y será este historiador: "Su fallecimiento lo va a convertir ahora, sin duda, en uno de los historiadores más valorados y citados de la historia de la historiografía e, incluso, por su valor y solvencia, sus obras van a seguir alumbrándonos en este callejón de difícil salida por el que atraviesa el mundo. Seguro que esta valoración que acabo de hacer no sería de su gusto. A pesar del reconocimiento casi unánime que siempre tuvo su obra por la comunidad internacional de historiadores, fueran de la ideología y la tendencia que fueran, Hobsbawm no sintió (ni ejerció) nunca la soberbia intelectual por tales reconocimientos. Lo suyo era la humildad del sabio. Sus propias palabras, escritas en su autobiografía, "Años interesantes. Una vida en el siglo XX" (las mejores memorias de un historiador que he leído jamás) son el mejor testimonio de ello: Probablemente mi nombre aparezca en la historia de un par de materias en concreto como, por ejemplo, el marxismo y la historiografía del siglo XX, y quizá en algunos libros sobre la cultura intelectual británica del siglo XX. Aparte de esto, si por lo que fuese mi nombre desapareciese completamente de la vista, como ocurrió con la lápida de mis padres en el Cementerio Central de Viena, no se produciría ninguna laguna en el relato de lo sucedido en la historia del siglo XX, ni en Gran Bretaña, ni en ninguna otra parte."
