Juan Zorrilla de San Martín
(Montevideo, 1855 - 1931) Escritor uruguayo al que se considera máximo representante de la poesía romántica uruguaya.
Sus primeros estudios los realizó con los jesuitas de Santa Fe y con los padres bayoneses de su ciudad natal entre los años de 1865 y 1873. Continuó en Chile su formación universitaria; aquí, en 1877, se licenció en Leyes y Ciencias Políticas, y al año siguiente, se trasladó a Montevideo para ocupar el cargo de juez.En Tabaré, poema impregnado de un intenso lirismo y de un tono elegíaco, recrea en la figura de su protagonista, el mestizo Tabaré (hijo de un cacique charrúa, raza que supuestamente habría poblado Uruguay en el pasado lejano, y de la cautiva española Magdalena), los rasgos más destacados del héroe romántico, en el que la soledad, el sentimentalismo, la desdicha y la nobleza son sus . rasgos predominantes. © Biografías y Vidas, 2004-14Tabaré- FRAGMENTO .............................IXCayó la flor al río.Se ha marchitado, ha muerto.Ha brotado, en las grietas del sepulcro,un lirio amarillento.La madre ya ha sentidomucho frío en los huesos;La madre tiene, en torno de los ojos,amoratado cerco;Y en el alma la angustia,y el temblor en los miembros,y en los brazos el niño, que sonríe,y en los labios el ruego.Duerme hijo mío. Mira: entre las ramasestá dormido el viento;el tigre en el flotante camalote,y en el nido los pájaros pequeños ...¿Sentís la risa? Caracé, el caciqueha vuelto ebrio, muy ebrio.Su esclava estaba pálida, muy pálida...Hijo y madre ya duermen los dos sueños.Los párpados del niño se cerraban.Las sonrisas entre ellosasomaban apenas, como asomanlas últimas estrellas a lo lejos.Los párpados caían de la madre,que, con esfuerzo lento,pugnaba en vano porque no llegarande su pupila al agrandado hueco.Pugnaba por mirar el indio niñouna vez más al menos;pero el niño, para ella, poco a poco,en un nimbo sutil se iba perdiendo.Parecía alejarse, desprenderse,resbalar de sus brazos, y, por verlo,las pupilas inertes de la madrese dilataban en supremo esfuerzo.XDuerme hijo mío. Mira, entre las ramasestá dormido el viento;el tigre en el flotante camalote,y en el nido los pájaros pequeños;hasta en el valleduermen los ecos.Duerme. Si al despertar no me encontraras,yo te hablaré a lo lejos;una aurora sin sol vendrá a dejarteentre los labios mi invisible beso;duerme; me llaman,concilia el sueño.Yo formaré crepúsculos azulespara flotar en ellos:para infundir en tu alma solitariala tristeza más dulce de los cielos;así tu llantono será acerbo.Yo ampararé de aladas melodíaslos sauces y los ceibos,y enseñaré a los pájaros dormidosa repetir mis cánticos maternos...El niño duerme,duerme sonriendo.La madre lo estrechó; dejó en su frenteuna lágrima inmensa, en ella un beso,y se acostó a morir. Lloró la selva,y, al entreabrirse, sonreía el cielo.(Del Canto Sexto del Libro Tercero).............................IXPor allá, entre los árboles,apareció un momentoTabaré, conduciendo a la española,y en la espesura se internó de nuevo.De Blanca se escuchabanlos débiles lamentos;aun vierte, sobre el hombro del charrúa,el llanto aquel que reventó en su pecho.El indio va callado,sigue, sigue corriendo,siempre empujado por la fuerza aquellaque sacudió sus ateridos miembros.Va insensible, agobiado,y en dirección al pueblo;siempre dejando, de su sangre fría,las gotas que aun le quedan, en suelo.Grito de rabia y júbilolanzó Gonzalo al verlo,y, como empuja el arco a la saeta,de su ciega pasión lo empujó el vértigo.Los ruidos de su arnés y de sus armas,al chocar con los árboles, se oyeroninternarse saltando entre las breñas,y despertando los dormidos ecos.Han seguido al hidalgoel monje y los soldados. Allá adentrose va apagando el ruido de sus pasos;el aire está y los árboles suspensosUn grito sofocadoresuena a poco tiempo;tras él, clamores de dolor y angustiaturban del bosque el funeral silencio ...X¡Cayó la flor al río!Los temblorosos círculos concéntricosbalancearon los verdes camalotes,y, entre los brazos del juncal, murieron.Las grietas del sepulcroengendraron un lirio amarillento.Tuvo el perfume de la flor caída,su misma extrema palidez... ¡Han muerto!Así el himno cantabanlos desmayados ecos;así lloraba el uruti en las ceibas,y se quejaba en el sauzal el viento.XICuando al fondo del sotoel anciano llegó con los guerreros,Tabaré, con el pecho atravesado,yacía inmóvil, en su sangre envuelto.La espada del hidalgogoteaba sangre que regaba el suelo;Blanca lanzaba clamorosos gritos...Tabaré no se oía ... Del alientode su vida quedabaun estertor apenas, que sus miembrosextendidos en tierra recorría,y que en breve cesó... Pálido, trémulo,inmóvil, don Gonzalo,que aun oprimía el sanguinoso acero,miraba a Blanca, que, poblando el airede gritos de dolor, contra su senoestrechaba al charrúa,que dulce la miró, pero de nuevotristemente cerró, para no abrirlos,los apagados ojos en silencio.El indio oyó su nombreal derrumbarse en el instante eterno.Blanca, desde la tierra, lo llamaba;lo llamaba, por fin, pero de lejos ...Ya Tabaré, a los hombres,ese postrer ensueñono contará jamás... Está callado,callado para siempre, como el tiempo,como su raza,como el desierto,como tumba que el muerto ha abandonado:¡Boca sin lengua, eternidad sin cielo!XIIAhogada por las sombras,la tarde va a morir. Vagos lamentosvienen, de los lejanos horizontes,a estrecharse en el aire entre los ceibos.Espíritus errantes e invisibles,desde los cuatro vientos,desde el mar y las sierras, han venidocon la suprema queja del desierto:con la voz de los llanos y corrientes,de los bosques inmensos,de las dulces colinas uruguayas,en que una raza dispersó sus huesos;voz de un mundo vacío que resuena;raro acorde, compuestode lejanos cantares o tumultos,de alaridos, y lágrimas, y ruegos.El sol entre los árbolesha dejado su adiós más lastimero,triste como la última miradade una virgen que fuere sonriendo.Cuelgan, entre los árboles del bosque,largos crespones negros;cuelgan, entre los árboles, las sombras,que, como ayes informes, van cayendo.Cuelgan, entre los árboles del bosque,tules amarillentos;cuelgan, entre los árboles, los últimoslampos de luz, como sudarios trémulos.La luz y las tinieblas, en los aires,batallan un momento;extraña y negra forma cobra el bosque...La noche sin aurora está en su seno.Y, cual se oyen gotear, tras de la lluvia,después que cesa el viento,las empapadas ramas de los árboles,o los mojados techos,brotan del bosque, en que el callado grupoestá en la densa obscuridad envuelto,ya un metálico golpe en la armaduracapitán o de un arcabucero;ya un sollozo de Blanca, aun abrazadade Tabaré con el inmóvil cuerpo,o una palabra, trémula y solemne,de la oración del monje por los muertos.
