La vida, un árbol
“Este árbol enorme cuya sombra se proyecta sobre mi libro… ¿qué fue lo que le dio principio? El hecho más evanescente nos remonta de aventura en aventura…” Adrien Le Corbeau
Los árboles: Los seres vivos más grandes y vetustos del planeta. Imposible pensar un mundo sin su presencia, prósperos y complejos reflejan la vida desde hace unos 370 millones de años..........................................................................................................¿Cómo creer en una infancia sin árboles protectores a cuya sombra se desarrollaban los juegos al aire libre que insaciablemente aceleraban la motricidad de nuestra imaginación llena de aventuras ávidamente consumidas en libros rebosantes de ellas? ¿O las que en las siestas de matinée nos regalaban las hoy lejanas y legendarias pantallas plateadas? ¿Cómo imaginar una infancia sin la música que nos regalaba el sonido de las hojas que tapizan el suelo de otoño al pisarlas corriendo detrás de una fantasía de muchachito en el oeste, o en tropel buscando el escondite ideal a una velocidad que superara la del "hasta diez" que se contaba, intentando la manera para que el antebrazo no nos impidiera mirar por el rabillo del ojo los escondites de aquella estampida?A un niño difícilmente lo atraiga el mundo vegetal, (excepto para trepar a ramas que se convierten para él en riesgoso lugar de juego), con el mismo interés que despierta a esa edad el reino animal.Un corazón adolescente, sumergido en el hoy lleno de futuro y de glorias en el porvenir, no hace tiempo para detenerse en una presencia inmóvil, en una maravilla de la naturaleza siempre dueña de una belleza demasiado silenciosa para una edad llena de turbulencias. Una belleza que aporta un papel fundamental en la regulación del clima del planeta. Pero estas disquisiciones tan técnicas se vuelven monótonas, como monótonos suelen parecer estos complejos seres vivos que solo aportan beneficios donde se encuentren.Y de pronto, con el tiempo que acompaña nuestro andar y el del árbol, (aunque a distintas velocidades), en un día azul e impetuoso, con los colores y los olores de los árboles estallando en un esplendor sin tasa, dejamos de ser niños; la adolescencia empuja a una juventud que se mueve, alejándose, y rebasamos en la madurez, etapa en la que los recuerdos emprenden un darse la mano con el presente. Comienzan a replegarse los ímpetus y, por ese sosiego que nos arrima la vida, nos aproximamos a esa otra vida, quieta, que no veíamos. Y creemos descubrirla. Sin embargo siempre estuvo allí. Imprescindible en un espacio vivo.Así la memoria, que no respeta cronologías y se multiplica en simultaneidades, nos acerca, sin boleto de viaje, a los árboles con los que nos criamos en una casa con "ciruelos redondos" y con "limoneros rectos", como los de Juana De Ibarbourou, vuelve a sentarnos en las plazas queridas de la adolescencia bajo los "árboles de seda" que con maestría pintó Silvina Ocampo y merecen ser protagonistas de todos los poemas, ¿cómo no compartir la duda "...son flores éstas del jacarandá"?, ¿o el embeleso "de un pedazo de sol que es un tipa en flor"?Siempre hay un árbol presente en nuestras vidas. Para descansadas lecturas me acompaña el liquidámbar de mi patio (exquisito regalo de Amalia), fiel testigo de la infancia y la adolescencia de Mercedes y Lucio y en el que buscarán recuerdos cuando el tiempo los traiga a estas orillas de años y tranquilidad. Seguro, más que seguro, el árbol estará aquí, y en cada grieta de su vieja corteza, y en cada rama nueva, cuando en la primavera remude su milagro verde, con su idioma de sonoro silencio les regalará su mudo y tangible afecto.Si al relente la luz de la luna se filtra a través de un árbol creando una esmerilada penumbra, ninguna paleta alcanzará a pintar ese grado de perfección, pero no salva a nuestros árboles de una incuria sin justificación ni disculpa.Biológicamente un árbol de gran porte fabrica oxígeno para diez personas al día, pero ni siquiera este conocimiento práctico ha salvado a únicos y hermosos ejemplares del hacha y del serrucho. Ni hoy de la temida motosierra.Por eso, solamente por una simplísima cuestión de agradecido respeto, de una vez aceptemos que para nosotros TODOS los árboles deben ser EL árbol. ------------------------------------------
