BOCETOS PARA EL LECTOR
LOS DETALLES DE LOS QUE AMAMOS (ÚLTIMA COLUMNA)
Queridos lectores tengo la oportunidad de estar colaborando con el diario de nuestra ciudad en este nuevo espacio, donde me propongo trazar bosquejos de lecturas que luego ustedes definirán, corregirán, torcerán y enderezarán según crean necesario. Espero disfruten su lectura tanto como yo la escritura de la misma y sea en más de una oportunidad el móvil para llegar a un libro.
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Queridos lectores, hoy les hablo por última vez en este ciclo que hemos compartido. Es difícil elegir qué tema tratar en esta oportunidad... Debiera ocuparme del lector, sí, de ustedes. Los lectores son quienes le dan vida a los textos, los echan a rodar, los comparten, los leen en voz alta, los cuestionan, se los apropian, los acunan, los extrañan, los interpelan. A ustedes, gracias, muchas gracias por acompañarme todas estas semanas. A cada uno de ustedes vaya dedicada desde mi corazón esta la última columna.Días atrás leí la columna literaria de Marcelo Birmajer, Mi hermano Edu. Birmajer es un escritor que no he leído demasiado; sólo algunos cuentos. Ese día leo su columna acerca de la muerte de su hermano y ahí me entero de la noticia que tomo primero como una especie de alegoría o metáfora. De la nota de Marcelo Birmajer me quedo con dos ideas."Pero en un momento descubrí una frase que nos unió por el resto de nuestra relación: encontrémonos donde nos podamos encontrar. Quizás no podía sentirse cómodo en los lugares laicos que yo frecuentaba, pero yo no tenía ningún problema en comer con él en los restaurantes kosher". Y el otro fragmento que me llevó a escribir esta columna. "Ahora el Once está poblado de gente que lo conoció, y que se me acerca para contarme una u otra anécdota, muchas cotidianas, otras extraordinarias, y algunas místicas, como su propio regreso sorpresivo por una semana a Buenos Aires."Siempre que una persona ya no está todos los que le conocieron nos cuentan cosas que no sabíamos que desconocíamos de ese ser querido y eso siempre nos acarrea cuanto menos incertidumbre. Releo este fragmento y pienso primero en el libro de Marguerite Youcener, Memorias de Adriano. Allí la escritora habla de cómo los seres amados cuando duermen se nos escapan y se presentan totalmente ajenos a nosotros.A quien más quien menos, alguien algo nos comentó de un ser querido fallecido, algo que no conocíamos y así comprendimos que nuestros seres queridos siempre en algún punto nos son ajenos, nos son velados. Por voluntad conservando algún secreto, resguardando alguna intimidad e involuntariamente el otro siempre se nos fuga al conocimiento completo. Porque tiene múltiples aristas, porque el otro ser no es uno; sino varios. Entonces, los demás con sus anécdotas nos completan la imagen de ese ser, la construcción del otro porque al otro no lo tuvimos nunca.Me voy a dormir pensando en una alumna que una vez me comentó algo de mi abuela porque habían compartido el cuarto internadas, en todo lo que me han contado de Emma, en las anécdotas de mis hermanos o tíos acerca de mi padre, en las cosas que conocieron otros amigos de Verónica que sí viajaron con ella, por ejemplo. Pensando en mí, también, pensando en que a veces no prestamos la suficiente atención a detalles a nimiedades de los que amamos... De camino, veo a mi hija, ajena a todo duerme. Me paro frente a ella porque no recuerdo cual es la oreja que tiene una falla, un doblez pegado. Y pienso cómo puedo no saberlo... Es la derecha.Gracias a todos por haberme acompañado.Alejandra [email protected]
