“La casa con buen cimiento no teme a ningún viento…”
Salud emocional… 2ª Parte- 6ª Entrega
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La “pasión de la queja”, como recordarán, es un estado de alerta a todo lo negativo que se convierte en un estilo de vida de insatisfacción crónica. Desde su desmesura, nos vamos sintiendo como víctimas que se alejan de su responsabilidad: expresamos, pero no buscamos alternativas. El hábito de la queja se vuelve como la humedad: poco a poco, se extiende, se va filtrando en las fisuras y reproduciéndose a sí misma. Las neurociencias lo explican a través del proceso de sinapsis o relación de las neuronas; cuando uno aprende algo, enciende eléctricamente las neuronas vecinas, lo que forma una inmensa telaraña neuronal que consolida el aprendizaje. Cuanto más nos quejamos, más crece esa telaraña. Imaginemos una escena donde estamos esperando el colectivo, y cada vez tarda más en llegar; no tenemos nada que ver con las personas cercanas, pero al rato uno empieza a quejarse, y es muy probable que otros empiecen a unirse, formando un gran grupo de quejosos que descargan sus frustraciones. Todos nos quejamos, y está bien, si el fin es buscar respuestas a lo que nos preocupa. Si aprendemos a encauzarlas, podremos organizarlas en acciones prácticas cuando algo o alguien nos perjudica o vivimos una injusticia. Pero, si continúa siendo estéril, seremos unos amargados.
Hay conflictos que tienen que ver con una falta, con aquello que se vive como carencia, y hay otros en relación con el exceso, con no poder parar, con no dejar de ser productivo, no poder dejar de comer, fumar, tomar o pensar. La pasión es un punto de referencia ambiguo, hay excesos que pueden hacernos mal, pero su ausencia puede llevarnos a una vida gris. La pasión es una emoción intensa donde se involucran el deseo y el entusiasmo por algo; es una fuerza primitiva que establece una relación de simpatía o rechazo muy fuerte con ese asunto en cuestión y pone de manifiesto rasgos de nuestra personalidad.
Las pasiones y las emociones son experiencias subjetivas e implican trabajo psíquico transitarlas, se entrelazan nuestros anhelos, frustraciones, motivaciones y conductas. A veces nos conducen a actos irracionales, nos corren de lugares adecuados, nos desbordan. Son importantes porque pueden empobrecer, tanto como potenciar nuestra capacidad de actuar. La cara oscura de las pasiones es cuando nos controlan y se vuelven inmanejables, cuando nos llevan a dejar de lado compromisos importantes, cuando erosionan los afectos o nos impulsan a llevar a cabo actos irracionales y destructivos.
Desde diversas perspectivas, vimos que para algunos las pasiones se han concebido como aquello que es digno del mayor desprecio, como algo que debe ser reprimido porque, cuanto más se las deja desplegar, más difícil es controlarlas, ya que se supone que cobran cada vez más intensidad.
“Nadie nos advirtió que extrañar es el costo que tienen los buenos momentos”
Mario Benedetti