“La casa con buen cimiento no teme a ningún viento…” Salud emocional… 1ª Parte- 5ª Entrega
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“En busca de la salud emocional”, libro del psicólogo Federico Martínez Ruiz, se aparta de los típicos libros de autoayuda y explica cómo no dejar que las pasiones nos desborden; insiste en la necesidad de “reconocerse en la fragilidad" y dejar fluir las emociones; no ofrece recetas mágicas ni rígidas instrucciones para solucionar los problemas, sino que muestra, en su amplia gama, cómo se manifiestan las emociones en la vida cotidiana, lo que llama “emodiversidad”. “Lo que se busca es la comprensión de las emociones y la reflexión de su relación con los pensamientos y los comportamientos acompañantes. Cuando se experimenta angustia, cuanto más fuerte es la emoción, más sufrientes o intensos serán los pensamientos y el cerebro más los cree”; no temerles, permitirse sentirlas, dejarlas fluir para que no se acumulen y terminen desbordándonos.
Se oye muy seguido que estamos o alguien está “roto”, dando a entender que estamos averiados, descompuestos emocionalmente en formas de vincularnos y pararnos frente al mundo. Cuando alguien no hace lo que se espera o piense como se cree, cuando se desvía de “lo esperable”, se ponen rótulos, casi siempre de forma ofensiva.
El Kintsugi, una técnica japonesa, que consiste en reparar las piezas de cerámica rotas, en lugar de disimular sus rajaduras y líneas de fractura, se las hacen más visibles a las marcas de rotura, resaltándolas con polvo de oro o plata líquida. De esta manera, exhibe las heridas del pasado, para que adquieran una nueva vida y sentido; esta práctica milenaria se fue convirtiendo en una filosofía de vida y una práctica de resiliencia; el mensaje que transmite, es el propósito de reconstruirse y reinventarse de las adversidades, hacer de esas heridas nuestros puntos fuertes. Se considera un arte de aceptación del daño y de nuestra historia, con sus errores, traumas y cargas emocionales, que no deberían ser un tabú ni algo de qué avergonzarse. La virtud de la fragilidad es también su capacidad de recuperarse y hacerse incluso más poderosa y humana. Ayuda a comprender las emociones contemplándolas desde dos miradas; como agradables o desagradables y según su intensidad, si son excesivas, como indignación, depresión, ira o pánico; la desmesura las convierte en pasiones, porque nos demandan exceso físico y psíquico; las pasiones se apoderan de nosotros, y podemos estar bajo su dominio, varias veces al día, pero, si nos acostumbramos, pueden volverse hirientes; la queja puede ser una pasión nociva. Podemos tener una adicción a las quejas cotidianas, del trabajo, de vecinos, del clima, de los políticos, del periodismo, etc.; como tiene un efecto de descarga, cada vez se necesita más hacerlo, cansamos a los demás y nos rechazan.
“Todo aquello que el hombre ignora, no existe para él.
Por eso el universo de cada uno, se resume al tamaño de su saber”
Albert Einstein