13 de Junio: Día del Escritor
15 de Junio: Día del Libro
El 13 de Junio se recuerda el nacimiento del poeta, ensayista, periodista y político, Leopoldo Lugones, en cuya memoria se instituyó el “Día del Escritor”. Fundador y primer presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, corresponde reconocer en él a un precursor y a un hombre clave en la configuración del canon literario argentino. Por su parte, el 15 de junio se celebra el Día del Libro” en Argentina, celebración que comenzó el 15 de junio de 1908 como “Fiesta del Libro”, día en que se entregaron los premios de un concurso literario organizado por el Consejo Nacional de Mujeres. El 11 de junio de 1941, una resolución Ministerial propuso llamar a la conmemoración “Día del Libro”. Con motivo de estas celebraciones, nuestra querida amiga Tuky Carboni nos entrega el siguiente texto:
Los escritores y los librosTuky Carboni Empezaré esta nota con una obviedad que me sirve como punto de arranque: es inconcebible un escritor sin, por lo menos, un libro (aunque se trate de un humilde libro fotocopiado); y es más inconcebible todavía, un libro sin un escritor. Será por eso, por ser tan próximos el uno al otro, que los días para recordarlos están casi juntos en el almanaque. El 13 de junio es el Día del Escritor y el 15 del mismo mes, el del Libro (en Argentina). Conversando con un grupo de amigas muy queridas, todas grandes lectoras, y disfrutando textos de grandes escritores, nos asombrábamos y lamentábamos por la poca difusión de algunos talentos literarios. Analizando un poco el fenómeno, creía que la explicación era el centralismo tiránico y feroz de Buenos Aires. Pero, la vida me enseñó que también algunos Escritores ("con mayúscula") que han nacido y viven en la Capital, a pesar de sus méritos, son casi desconocidos en el gran espectro nacional. Así que he modificado mi forma de pensar al respecto. Entonces, pienso ahora, que la gran culpable es la industria editorial. Ya no hay editoriales que corran el riesgo de publicar un nombre desconocido, por alta y evidente que sea su calidad literaria. Ahora, las editoriales se dedican al negocio y punto. Son incapaces de nadar contra la corriente, lo que indica que son pésimos nadadores. Esto lo aprendí cuando me hice amiga de Edgardo Lois, un Escritor, con mayúscula, que desde hace dos años vive en Gualeguay. Él trajo, como un maravilloso equipaje, nombres que en el interior (y creo que tampoco en la Capital) se conocen, ni se aprecian como debieran serlo por su excelencia: Mónica López Ocón, Hugo di Taranto, Rubén Derlis, Gabriel Montergús, Álvarez Morgante... sólo por nombrar algunos. A esa larga lista de artistas no reconocidos en la Capital, podemos sumarles los nombres de los escritores provincianos, los habitantes de la Argentina profunda, que, ya sea por fidelidad a su terruño o por cualquier otra causa igualmente valedera, eligieron quedarse en sus lugares de origen, aunque sabían que nunca alcanzarían la notoriedad que su poesía o su prosa merecían; no estaban dispuestos a "negociar" con el producto precioso de sus sudores espirituales, porque iniciar el largo peregrinaje por editoriales insensibles, que son capaces de publicar cualquier basura literaria, si pertenece a un nombre conocido, era una humillación que no quisieron sufrir. Edgardo Lois me ha contado que Gabriel Montergús, un mendocino que vivió en B. Aires, consiguió, finalmente, una editorial que "accedió" a publicar sus magníficas novelas... Con la conditio sine qua non de que cambiara algunos párrafos y suprimiera otros. Inaceptable para alguien con dignidad. Así que decidió publicarla por su cuenta, pagando la edición. Lo terrible de la situación, no es sólo que muchos Escritores permanecen desconocidos, sino que los amantes de la lectura nos perdemos esas prosas iluminadas y esos poemas geniales, por la estupidez y la avaricia de la industria editorial. No termino de agradecer a Edgardo que me haya acercado esos autores que todos deberíamos conocer y celebrar, con el júbilo con que todo buen lector festeja, cuando encuentra un escritor maravilloso. Y ¿qué decir Alfonso Sola González, para mi modesto entender el más extraordinario poeta que ha dado Entre Ríos, cuna de poetas, en todos los tiempos? Y Jorge Ramponi, mendocino, con los rutilantes fuegos minerales de su "Piedra Infinita", que casi nadie conoce? Y Mario Busignani, jujeño, con sus bellísimos sonetos, donde nos hace gustar el sabor cerril y heroico de sus "guardamontes y sus espadas"? ¿Y Antonio Esteban Agüero, poeta puntano, con su racimo esplendente de joyas literarias? Y, más cerca: nuestro Alfredo Veiravé, con los tres tomos de su espléndida poesía, considerado por los entendidos como uno de los cinco poetas nacionales de mayor voltaje poético...? Y la lista de los desconocidos que brillan en la oscuridad de sus terruños, como vetas de oro no detectadas aún, sigue. Sigue y sigue. Por suerte, otro amigo que también quiero y admiro mucho, Juan Manuel Alfaro, nogoyaense que vive en Paraná, ha tenido la sublime idea de mandar vía mail, unos mensajes que se titulan: "Este/a poeta vive en Argentina" y, a continuación, uno o dos poemas hermosísimos, para que, por lo menos, nos vayamos a dormir con el exquisito sabor que deja en la boca la buena Poesía. En fin; la Esperanza es una de las tres virtudes teologales que me enseñaron en la infancia; así que no la perdamos. Algún día, alguien, se dará cuenta de todos los Escritores que quedan fuera del circuito de la difusión; y hará algo al respecto. ¿O no?
