15 de Junio: “Día Nacional del Libro” “Liber liberat”
Esta celebración comenzó en Argentina el 15 de junio de 1908 como “Fiesta del Libro” día en que se entregaron los premios de un concurso literario organizado por el Consejo Nacional de Mujeres. En 1924, el Decreto Nº 1038 del Gobierno Nacional declaró como oficial la “Fiesta del Libro”. El 11 de junio de 1941, una resolución Ministerial propuso llamar a la conmemoración “Día del Libro” para la misma fecha. El objetivo principal de esta celebración es invitar a las personas a retomar los hábitos de la lectura, a tomar un libro en sus manos, leerlo, disfrutarlo porque “aunque la tecnología nos tiene a todos encantados, no hay nada como el olor de un libro”.
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Por otra parte, mañana, 13 de junio, se recuerda el nacimiento del poeta, ensayista, periodista y político, Leopoldo Lugones, en cuya memoria se instituyó el "Día del Escritor". Fundador y primer presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, corresponde reconocer en él a un precursor y a un hombre clave en la configuración del canon literario argentino.Acerca del valor del libro, el profesor Daniel Martínez nos entrega el siguiente texto:"Liber liberat""Liber liberat", es decir, "el libro libera", así reza esta frase que se puede leer en el frontispicio de la Escuela Presidente Roca de la ciudad de Buenos Aires. Una expresión que sintetiza notablemente una de las características más nobles de nuestros amigos, los libros, a través de un exquisito dicho latino que juega con los casi idénticos sonidos de sólo dos palabras y destaca una idea magistral: la libertad y la lectura son sinónimos.¿Qué decir del valor de los libros como armas de batallas espirituales en las terribles tiranías que los hombres hemos sufrido en manos de otros hombres? Pocas cosas son más tristes que aquella imagen que muestra una banda de energúmenos en una noche fatídica alrededor de una gigantesca hoguera hecha de libros quemándose, en la Alemania del período nazi. O la pesadumbre de recordar la lista de las "publicaciones prohibidas" durante el último gobierno militar de nuestro país. Aunque, ya se sabe, no únicamente por todo esto son valiosos los libros. La propuesta es que juguemos un poco con ellos y los imaginemos como sofisticadísimos dispositivos que han logrado vencer dos dimensiones a las que nos vemos sujetos los humanos: el tiempo y el espacio. ¿Es posible?Tratemos de vernos en el momento de leer un libro: arrellanados, felices en nuestro sillón preferido o en el lecho con la amigable y cómplice luz de un velador..., ¿en la playa, en el campo debajo de un árbol entrañable? Lo que usted quiera. Podemos estar donde sea; sin embargo, eso no impide que, a la vez, seamos gauchos que acompañan a Don Segundo y al reserito mientras conducen un arreo, sufrir junto a Fierro y Cruz en las espantosas tolderías, acompañar a Adán BuenosAyres en sus periplos metafísicos porteños; ser testigos del terrible zumbido de las flechas, del piafar de los caballos, el choque entre espadas en la batalla de Agincourt al lado de Enrique V y su "banda de hermanos", según lo cuenta el genial Shakespeare... Así de poderoso es el misterio de la palabra, nos libera de las condiciones limitantes del tiempo y del espacio, mediante la "extravagante y compleja" tecnología del papel y de la tinta. Tampoco olvidaremos que la increíble máquina llamada libro nos hace remontarnos a la altísima, celestial cima de la creación con palabras: la poesía..."Lo que quiero nombrar no tiene nombre,es demasiado alta su inocencia:una parcela azul,un olor a frutal,una casa de pie ante las tormentas".Es la valentía de nombrar lo que no se puede nombrar, con rigor y ternura al mismo tiempo, sólo accesible de la mano del poeta (o de la poeta, en este caso, nuestra por siempre amada Tuky Carboni). Todo un cosmos de creación y revelación que está ahí, nos espera. Nada más debemos tomar ese objeto maravilloso, acariciarlo, respetarlo y hacerlo nuestro amigo. Nuestro amigo, el libro.Prof. Daniel Martínez
