Ya vivimos la Fiesta
Acercándonos a la Navidad
El tiempo de Adviento está llegando a su fin, estamos a las puertas del nacimiento de Jesús. La voz de San Juan Bautista nos da cuatro consejos para arribar a este acontecimiento: “Preparen el camino del señor, allanen sus senderos. Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos. Entonces todos los hombres verán la salvación de Dios” Lc. 3,1-6. Los arbolitos, pesebres y adornos ya están en muchos hogares, templos, plazas, paseos, vidrieras. Segunda Sección recorrió parroquias y casas particulares en donde encontró no sólo adornos bellos, sino un clima especial de espera del Niño, del Salvador; esa esencia que es la que debe primar.
Tiempo de Adviento Las luces y el brillo despiertan más aún nuestro entusiasmo por la Navidad y la entrada del Año Nuevo. Pero lo importante es tener bien claro qué es y cómo celebramos a estos acontecimientos. El Adviento es un tiempo en que la Iglesia en su liturgia se prepara para la celebración del misterio de la encarnación del Señor; Dios viene y se acerca para nuestra salvación. Además el Adviento tiene otras connotaciones pues, deja de ser sólo un acontecimiento conmemorativo, para hacerse actual y lanzarnos también hacia la meta definitiva de nuestra salvación. En resumen, adviento es el tiempo de preparación para la venida del Señor. "Para quienes concebimos el mundo y la historia traspasados de "trascendencia", resulta que todo es "adviento. Pasado, futuro y presente giran ininterrumpidamente pendientes de "Alguien que vino, que vendrá y que está viniendo." (Arzobispado de Buenos Aires- 2012).Recibamos con gozo de la mano tendida por el SeñorP. Pedro BrassescoCelebrar la venida de Dios en la próxima Navidad no es sólo cosa de sentimiento y de poesía. La gracia del Adviento, de la Navidad, de la Epifanía pide disponibilidad plena, apertura a la vida que Dios nos quiere comunicar. Supone, como predicaba Isaías y repetía San Juan Bautista, preparar caminos, allanar, rellenar, enderezar, compartir con los demás lo que tenemos, hacer penitencia, o sea, cambiar de mentalidad. Si Navidad no nos cuesta ningún esfuerzo será seguramente porque no hemos profundizado en su significado. El don de Dios es siempre tarea y compromiso, es palabra de consuelo y de conversión.En el Adviento se deberían encontrar dos manos: la nuestra que se eleva hacia Dios pidiendo salvación, y la de Dios que nos ofrece mucho más de lo que podemos imaginar. Es importante que Dios salga al encuentro de nuestra mano suplicante, pero es más aún que nosotros nos demos cuenta con gozo de la mano tendida por Dios hacia nosotros. Adviento es antes gracia de Dios, que esfuerzo nuestro; ambos se encuentran en el misterio que celebramos. Ojalá todos podamos hacer el esfuerzo de tender nuestra mano para encontrarnos con la mano que el Señor nos tiende en este tiempo de Adviento.
