Por Nidya Rampoldi
Carlos José “Pepe” Quintana, su obra
El viernes pasado Jorge García me preguntó por este arte que no busca imitar la realidad, no copia este mundo al cual tenemos tanto apego. -“Tan lindos los ramos de rosas y los rostros de los niños”, pensé yo entonces con rudeza. Sin mucha comprensión en ese momento hacia mi amigo le dije, sin paciencia, que para eso están las cámaras fotográficas. Pero aún las cámaras fotográficas sirven para expresar el horror, lo vemos a diario.
¿De qué se visten los sentimientos, los temores y los deseos en la pintura? ¿Cómo puede el artista expresar visualmente sus ansias, angustias, estados de ánimo de su espíritu? ¿Cómo se viste la injusticia o la segregación, para ser contada sin palabras? ¿Cómo el monstruoso mundo del padecimiento físico, psíquico o espiritual puede ser expresado a gritos en el mudo lenguaje del pintor, del dibujante? De Expresionismo se trata... ¿Cómo llevar la expresión al extremo? ¿Cómo proclamar con fuerza las violencias que sentimos? Sobre todo personas tan sensibles como este artista, Carlos José "Pepe" Quintana, que no logra meterse en el mundo con la indiferencia necesaria para soportarlo...! Cómo hacer para contar la brutal desnaturalización que soporta nuestro ánimo frente a los atropellos abusivos con que el mundo nos agrede desde el día en que nacemos... Desprendidos de la naturaleza divina algo nos queda de la buena intención y pureza primigenia; en los artistas ese resabio suele ser más notorio y los expone más crudamente a la hostilidad que significa estar vivo. ¿Hasta dónde las figuras se pueden deformar para expresar el sufrimiento? El Expresionismo aparece en el arte a lo largo de la historia y a lo ancho de las culturas. En nuestro país hemos tenido y tenemos suficientes miserias e infamias como para que tome la "palabra" desde nuestra prehistoria y en artistas de diversas disciplinas, todos ellos con su esencia en carne viva, con menos posibilidades de indiferencia que el resto de los mortales. Ya Roberto KChT González nos mostraba esta necesidad de deformar para expresar el padecimiento de la vida misma o el abuso de los fuertes sobre los débiles. Ya el arte de las Misiones Jesuíticas podía ser ingenuamente expresionista desde el punto de vista "occidental". Pepe Quintana tiene sus notas más prístinas en este lenguaje del dolor. ¡Cuánto dolor! A veces al límite de lo soportable. El lego en arte mira y siente que prefiere no entender, no asomarse a ese mundo de sentimientos ultrajados, vulnerados, donde un ser inteligente ha tomado los pinceles para hacernos despertar al mundo de la conciencia y ver entonces cuánta inmundicia puede encerrar lo cotidiano. Si estoy aburguesada, si he desarrollado una insensibilidad para soportar la situación y trato de justificar tanto atropello, no querré ver una obra donde esa "estabilidad" que he construido es cuestionada. Esa pintura técnicamente correcta, de incuestionable calidad, pone en peligro mis andamiajes de felicidad, sacude las banderas que armé para tranquilizarme y sentirme segura. En fin, el tábano que pica al caballo y no lo deja dormirse.Lea más en la edición impresa en papel
