Para el querido amigo Julio García:
“Cuando un amigo se va…”
Cuesta mucho tratar de expresar el sentimiento ante la realidad que golpea con dureza…cuesta mucho tratar de ordenar en palabras certeras en el abatimiento que perdura ante la falta…
quedarme en el oscuro atajo del dolor, desvío mi decir y tomo el sendero de la luz, luz que generosamente dejó a quienes gozamos de su amistad... y es en ese camino donde veo su cara encendida de alegría, y escucho otra vez la cascada de su risa límpida ante una situación jocosa cualquiera, y oigo de nuevo su voz cargada de entusiasmo ante la ilusión que sabiamente ponía al encarar un proyecto, al cual, dicho sea de paso, era imposible no sumarse... Es que era Julio, con su auténtica forma de ser; con su mano tendida en el saludo, con su infaltable mate amargo, sabiamente preparado, endulzado al rescoldo cordial de la conversación amena, con sus salidas chispeantes a las cuales festejábamos dando paso al trabajo en conjunto que resultaba así, de menos esfuerzo... Nos queda la congoja, pero debemos reponernos interpretando que de él salía, de su empeño, de sus ganas puesta en la labor su mejor herencia, de su deseo inquebrantable al intentar hacer lo mejor que podía por el bien de nuestra comunidad su más noble legado, del trabajo arduo, codo a codo, en la labor en conjunto su búsqueda que nos debe guiar. Las instituciones a las cuales perteneció tendrán su ausencia; sus amigos el vacío enorme de su presencia, sus seres queridos el inmenso sufrimiento de su falta, pero todos, me atrevo a decirlo, todos, tendremos la obligación ineludible de seguir su ejemplo. Vicente Cúneo, uno de sus tantos Amigos.
