De aprender limpiando a atender el mostrador: jóvenes que encuentran su lugar en el oficio de la carne
En el marco del Día del Trabajador de la Carne, celebrado el pasado 10 de junio, El Debate Pregón visitó una de las sucursales de Los Tres Palos, ubicada en la intersección de Alfredo Palacios e Hipólito Yrigoyen, para conocer el recorrido de dos trabajadores que encontraron en este rubro una oportunidad de crecimiento laboral.
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En cada carnicería hay historias que rara vez llegan a la vista de los clientes. Detrás de los cortes exhibidos en el mostrador existen horas de aprendizaje, esfuerzo y experiencia acumulada.
Los Tres Palos forma parte de Cabaña Los Tres Palos, una empresa que desarrolla un sistema productivo integral vinculado a la actividad porcina. Cuenta con granja de madres, planta de alimentos y puntos de venta directa donde comercializa cortes de rescos de carne de cerdo y productos elaborados como jamón crudo, salames y bondiola.
En la sucursal trabajan Emiliano Reynoso y Alan Patiño, dos jóvenes que llegaron al oficio por distintos caminos, pero que comparten una característica en común: ambos comenzaron desde las tareas más básicas y fueron aprendiendo cada etapa del trabajo hasta llegar a desempeñarse detrás del mostrador.
“Arranqué desde abajo, limpiando”
Amílcar Emilio Reynoso lleva cinco años dedicado al oficio de la carne. Como
muchos trabajadores del rubro, sus primeros pasos estuvieron lejos del mostrador y del contacto con los clientes. Comenzó realizando las tareas más básicas, aprendiendo desde abajo cada una de las etapas del trabajo.
“Arranqué limpiando. Después empecé a desarmar cerdo y más adelante pasé a trabajar con media res vacuna. Con el tiempo fui aprendiendo a atender al público y a desenvolverme en todas las tareas”, recordó.
A medida que fue adquiriendo experiencia, llegaron nuevas responsabilidades. El momento que marcó un punto de inflexión en su recorrido laboral fue cuando un compañero le abrió la puerta para asumir un rol más activo dentro de la carnicería.
“El carnicero que estaba en ese momento se iba y me dio la oportunidad. Me dijo que le diera para adelante y así fui aprendiendo. Gracias a Dios, hasta hoy sigo trabajando en esto”, contó.
Con el paso de los años entendió que el oficio no se limita al conocimiento de los cortes o al manejo de la mercadería. Para él, una parte fundamental del trabajo está en la atención diaria y en la confianza que se construye con cada cliente.
“La atención se trabaja todos los días. Hay clientes para todo, pero siempre hay que recibirlos con buena onda, una sonrisa y tratar de ofrecerles lo que necesitan”, explicó.
“Me fueron probando hasta que quedé trabajando acá”
La historia de Alan dentro del rubro es más reciente. Hace poco más de un año comenzó a trabajar en Los Tres Palos, aunque sus primeros pasos en el sector alimenticio habían sido en una pollería de Paraná. Su llegada a la empresa se dio casi de manera casual, cubriendo vacaciones en distintos sectores, hasta que poco a poco fue ganándose un lugar dentro del equipo.
“Empecé cubriendo vacaciones y después me fueron probando hasta que quedé trabajando acá”, recordó.
El cambio no fue menor. Pasar del trabajo con pollo al manejo de cortes porcinos implicó adaptarse a nuevas técnicas, conocer otros productos y adquirir conocimientos específicos sobre una actividad que tiene sus propias particularidades.
“Es distinto trabajar con pollo que con cerdo. Son otras formas de trabajo y otros productos. Pero la experiencia ha sido muy buena”, señaló.
Como ocurre en muchos oficios, el aprendizaje continúa todos los días. Alan
reconoce que todavía sigue incorporando conocimientos sobre los distintos cortes y sobre las consultas más frecuentes de los clientes. En ese proceso, también descubrió la importancia de brindar asesoramiento a quienes llegan al mostrador buscando orientación.
“Hay cortes que la gente suele confundir. Nosotros trabajamos con productos porcinos y muchas veces creen que algunos cortes o elaborados son de vaca. Por eso también hay que aprender a explicar y asesorar”, sostuvo.
La rutina del carnicero
Como ocurre en gran parte de las carnicerías, la jornada comienza antes de que lleguen los primeros clientes.
Los trabajadores ingresan temprano para preparar el local, organizar la mercadería, recibir pedidos y dejar todo listo para la apertura. Recién después comienza el movimiento constante de compradores que, según destacan, acompaña durante toda la semana.
“Hay mucha gente. Trabajamos de lunes a lunes y siempre tenemos movimiento”, comentaron.
El Día del Trabajador de la Carne invita a reconocer la labor de quienes forman parte de una actividad esencial para la economía y la alimentación de las familias.
En Los Tres Palos, la experiencia de Amílcar y Alan refleja cómo el oficio sigue generando oportunidades laborales y transmitiendo conocimientos de generación en generación, manteniendo viva una tradición que continúa siendo parte de la identidad productiva de la región.