De pólvora, plomo... y lenguaje
Como ya se sabe, la información periodística debe recopilar y elaborar mediante análisis datos que permitan conocer la realidad. Ahora bien, esta última es tan rica y tan compleja que, inevitablemente, se la divide en ámbitos y lo que, convencionalmente, podríamos llamar subámbitos. Así, por ejemplo, en el ámbito de las noticias policiales encontramos distintos subámbitos. Uno de estos es el referido al de las armas de fuego y sus calibres; un tema muy interesante y complejo que exige cierto rigor al referirse a él, so pena de incurrir en errores a veces hasta risibles . Por eso es que nos ocuparemos de algunas inexactitudes, más o menos frecuentes, que hemos notado incluso en serios periodistas de no menos serios noticieros y/o publicaciones en el tema que hoy proponemos.
Ante todo expliquemos, brevemente, qué se entiende por calibre. En Balística se denomina así al diámetro interno del cañón de un arma de fuego (aunque algunos autores hablan del diámetro del proyectil y otros de la relación entre los dos diámetros mencionados). Un arma calibre 22 mm (milímetros). Este caso es un verdadero clásico, hasta cómico; pero un grueso error, lamentablemente. En realidad, la denominación es .22 (puede ser LR -el más común-, WRM, Corto, etc.). Nótese el punto (.) delante del número. Esto se debe a que pertenece a una medida de origen sajón y debe entenderse como 22 centésimas de pulgada. Convertida a nuestro sistema de medidas equivale, aproximadamente, a 5,50/5,60 milímetros. Así que, piensen ustedes, si leemos que "el delincuente apresado usaba un arma calibre 22 milímetros", el sujeto en cuestión llevaría para sus andanzas, cuando menos,... ¡una pieza de artillería liviana! Un verdadero ejemplo de fuerza física, ¿no? Una escopeta calibre 16, 20, etc. mm. Inexactitud similar a la anterior, aunque aquí se trata de las escopetas, armas de ánima lisa pensadas básicamente para disparar perdigones, cuyas denominaciones numéricas de calibre también son de origen sajón (antiguas medidas inglesas) que deben entenderse de la siguiente manera: imaginen ustedes que toman una libra (454 gramos aprox.) de plomo; hacen con ella una esfera y de la misma, luego, extraen 16 esferas iguales entre sí. Cada una de estas esferas tendrá el diámetro del calibre 16 de escopeta. Puede aplicarse el mismo modelo para otros calibres como el 12, 20, 24,... Aunque, para complicar la cosa, existen calibres de escopeta que se expresan en milímetros (como el 12 "chico" -36 en libra-) o en centésimas de pulgada (el .410); de allí, quizá, la confusión de algunos periodistas. A esta altura, cabe aclarar, que no es un error expresar la denominación de un calibre en milímetros. La equivocación consiste en mezclar nomenclaturas provenientes de distintos sistemas de medidas. Ejemplos comunes de calibres en milímetros: 9 mm, 7,65x53 mm, 10 mm. En pulgadas: .38 Special, .357 Magnum, .45 ACP. Además, no es raro que un mismo calibre, en ocasiones, tenga distintas denominaciones, según se lo mencione en un sistema de medida o en otro: .45 ACP o 11,25x23 mm, 9mm Corto o .380 ACP ... La bala punta hueca .22 perfora chalecos antibalas (sic). Digno de aparecer en alguna antología de periodismo "liviano". El tema de las puntas (proyectiles, si se quiere) es difícil y extenso; pero, como en todo, hay algunas cuestiones básicas. Fundamentalmente, para empezar, corresponde referirse a puntas expansivas; es decir, aquellas que al impactar y penetrar expanden su diámetro con el fin de provocar más daño y letalidad. Se utilizan en la caza, por ejemplo, para evitar sufrimientos al animal o en defensa, (para detener lo antes posible la agresión de un criminal -con este último fin, estas puntas están prohibidas por la legislación de nuestro país, sí permitidas para uso deportivo-). En síntesis, las puntas huecas son un tipo de munición expansiva y, si se quiere "perforar", lo menos pretendido es que se deformen y pierdan tal capacidad. Sin embargo, todo lo explicado es muy poco, pues para hablar de "agujerear chalecos" (y a sus infortunados usuarios incluidos, claro está) hay que tener en cuenta otros complejos aspectos, como son: niveles de protección balística del chaleco, calibres, tipos de puntas, distancias, etc. La confusión entre Tenencia y Portación. En este aspecto, no parece haber nada más claro que la forma en que establece el RENAR (Registro Nacional de Armas) la diferencia entre ambas: "La tenencia habilita al Legítimo Usuario a mantener el arma en su poder, transportarla descargada y separada de sus municiones y usarla con fines lícitos (caza, tiro deportivo, etc.). La portación consiste en disponer, en un lugar público o de acceso público, de un arma de fuego cargada, en condiciones de uso inmediato. La autorización para portación es de carácter restrictiva". (www.renar.gov.ar). Por otra parte, la condición de Legítimo Usuario tiene requisitos legales estrictos. El acceso a las armas no es rápido ni fácil. Todo lo antes desarrollado son apenas algunos ejemplos. Hay otras ideas o concepciones difundidas en las noticias que son aceptadas como cuestiones indiscutibles y que, en ocasiones, hasta parecen darles cierto aire de autoridad o halo iniciático en herméticos saberes a quienes las dicen. Sirvan como muestras la "bala humanitaria", "algunas balas .22 que encienden directamente la pólvora sin fulminante" (fulminante: sustancia iniciadora indispensable para la combustión de la pólvora), ignorar algún otro aspecto legal básico, etc. Entonces, ¿para hacer periodismo de notas policiales hay que ser un experto profesional en armas y balística? Definitivamente, no. Solo se trata de rigor en cuestiones básicas para no incurrir en contradicciones, superficialidades, lugares comunes, etc., exigible para aquellos que tienen la función de intentar acercar la verdad a sus semejantes. Así, esto, en esencia, no es una nota únicamente sobre armas, calibres... Se trata de llamar la atención acerca de qué, cómo se comunica, respeto hacia el lector y también, ¿por qué no?, de un uso adecuado del lenguaje y sus circunstancias.
