Detrás del mostrador: la historia cotidiana de quienes trabajan con la carne en San Ramón
Detrás de cada mostrador hay historias de esfuerzo, aprendizaje y dedicación. En el marco del Día del Trabajador de la Carne, celebrado el pasado 10 de junio, El Debate Pregón visitó una de las sucursales de Carnicería San Ramón para conocer el recorrido de quienes, día a día, forman parte de un oficio tan tradicional como indispensable.
La carnicería cuenta actualmente con dos sucursales en la ciudad. La más reciente funciona desde hace casi tres años, mientras que la primera abrió sus puertas hace siete. Allí trabajan Jonathan, conocido por todos como, y Franco Rodríguez, dos trabajadores que representan generaciones dentro del rubro pero comparten la misma dedicación y respeto por el oficio.
La atención al cliente Para Jony, la carnicería no formaba parte de sus planes. Sin embargo, las vueltas de la vida y la necesidad laboral lo llevaron a encontrarse con una profesión que terminaría convirtiéndose en parte de su vida.
Su ingreso al rubro se dio mientras trabajaba junto a su hermano, quien ya se
desempeñaba en el sector cárnico en Buenos Aires. Entre tareas y jornadas
compartidas llegó una frase que dejó descolocado a Jony. “¿Vas a seguir limpiando o vas a empezar a atender clientes?”, le preguntó su hermano. Aquella invitación fue el impulso que necesitaba para animarse a dar el
paso y comenzar a aprender el oficio desde adentro y cara a cara con la clientes.
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Con los años, Jony descubrió que ser carnicero implica mucho más que conocer cortes o manejar herramientas. También significa construir una relación de confianza con los clientes.
"Cada persona tiene sus gustos, sus preferencias y sus costumbres a la hora de comprar carne. Eso se aprende con el tiempo", comentó durante la charla.
Un oficio que busca continuidad
Entre los temas que más preocupan a Jony aparece una realidad que observa con frecuencia: la falta de interés de las nuevas generaciones por incorporarse al rubro.
Según su mirada, cada vez son menos los jóvenes que eligen aprender el oficio, una situación que se repite en distintos puntos del país y que plantea interrogantes sobre el futuro de una actividad históricamente ligada a la cultura y la economía argentina.
Para él, la clave del trabajo sigue estando en aspectos que no pasan de moda: la limpieza, la atención personalizada y la calidad del producto.
Son valores que, asegura, continúan siendo fundamentales para mantener la
confianza de quienes llegan todos los días al mostrador.
Aprender desde abajo
A pocos metros trabaja Franco Rodríguez, quien lleva cuatro años en la actividad.
Su experiencia refleja el camino de muchos jóvenes que ingresan al rubro sin
conocimientos previos y van incorporando saberes con la práctica cotidiana.
Franco recuerda que los primeros tiempos estuvieron marcados por el aprendizaje constante: reconocer cortes, conocer las características de la carne y entender su tratamiento adecuado, esto fue parte de un proceso que continúa hasta hoy.
Como ocurre en tantos oficios, gran parte del conocimiento se transmite en el
trabajo diario, observando a quienes tienen más experiencia y enfrentando los desafíos que plantea cada jornada. “La carne siempre rinde”
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Consultado sobre la situación actual del sector, Jony reconoce que el contexto económico afecta tanto a comerciantes como a consumidores. Sin embargo, considera que la carne continúa siendo un producto con una buena relación entre costo y rendimiento.
“La situación está complicada para todos, pero la carne termina siendo barata
gracias al rendimiento que tiene”.
Más allá de los números, la conversación permite advertir el compromiso que existe detrás de una actividad que comienza mucho antes de que el cliente llegue al local y que requiere horas de preparación, organización y esfuerzo físico.
En Gualeguay, como en tantas localidades argentinas, los trabajadores de la carne forman parte de una cadena fundamental que acerca uno de los alimentos más tradicionales y fundamentales de nuestra mesa. Son historias que transcurren lejos de los reflectores, entre madrugadas, cámaras frigoríficas y mostradores, pero que merecen ser reconocidas en una fecha especial dedicada a quienes mantienen vivo un oficio que sigue siendo esencial.