Homenaje de Tuky Tarboni y Patricia Míguez Iñarra
Día de la Mujer en la Alianza Francesa
Ayer, 8 de Marzo, “Día de la Mujer” tuvieron lugar varios homenajes, celebraciones y los saludos llegaban desde todos los ámbitos. En esta edición tomamos las palabras de dos mujeres de Gualeguay, Tuky Carboni y Patricia Míguez Iñarra, quienes, en el marco de agasajo ofrecido por la Alianza Francesa Gualeguay el viernes 7, junto a las Sras. Gloria Poletti, Nidya Rampoldi y Elsa Osman, destacaron a dos personalidades, a dos mujeres que nos brindaron su alma a través de su obras, de su lucha por sus ideas y por sus orígenes. Tuky Carboni se refirió a Emma Barrândeguy y Patricia Míguez Iñarra a Guyunusa, mujer charrúa, su lucha y su calvario.
Tuky Carboni: "El recuerdo de Emma Barrandeguy" "Les deseo muy buenas noches a todos. Gracias por invitarme a participar de este encuentro entre mujeres.Soy una eterna agradecida a Dios, o la vida, como quieran llamarlo, por haber tenido la suerte de conocer tantas personas hermosas. Desde las niñeras que me cuidaron en el campo, cuando mi madre era maestra en la Escuela de Cuatromanos, pasando por todos los innumerables seres que he conocido y sigo conociendo a lo largo de esta aventura que es la vida. Pero, a la hora de elegir una mujer para hablar de ella, el recuerdo de Emma Barrândeguy se impuso; por varias razones que me parecen importantes. La primera de ellas es la gravitación afectiva y cultural que suscitó entre todos nosotros su figura. Un ser casi inefable, que escapa a cualquier definición y se expresa por ella misma. Otra de las razones es que estamos en la Alianza Francesa que gentilmente ha brindado su casa para que podamos reunirnos; y escuché en muchas oportunidades que Emma decía: "a pesar de las siete generaciones americanas que me han precedido, mi apellido sigue siendo francés". Lo decía con (no quiero decir orgullo, porque ese sentimiento era desconocido para Emma) pero sí con complacencia. Y me parece que hablar de una descendiente de franceses, es como un gesto de cortesía hacia nuestros anfitriones. La otra razón es que, si viviera, Emma cumpliría mañana, 8 de marzo, día Internacional de la mujer, 100 años. Entonces, creo que su obra, además de ser importante por su valor literario, es el testimonio de una época que hace a nuestra identidad. Emma frecuentó todos los géneros literarios: la poesía, ("Las puertas", "Refracciones", "Camino hecho"); la novela, ("Crónica de medio siglo", premio Fray Mocho 1.984, "Habitaciones"); el teatro, ("Amor saca Amor, premio Fray Mocho" 1.970); el ensayo "Semblanza de Herminia Brumana", Mastronardi-Gombrowicz, una amistad singular", "No digo que mi país es poderoso", "Salvadora, una mujer de Crítica". Y si bien ella prefería calificar a "El Andamio" como una novela breve, en realidad podría perfectamente ser leído como un cuento largo. Por si fuera poco, inventó un género nuevo: "Los Pobladores", del cual ella decía que era un híbrido, porque tenía un poco de cada género. Todos sus libros son una prueba de su talento maravilloso. Personalmente, si tuviera que elegir, me quedaría con su poesía; me parece una poesía visceralmente sincera, despojada de todo artificio; sus poemas brillan con luz propia y no necesitan de acrobacias verbales para deslumbrar; pero ésta es una preferencia estética que no es demasiado confiable porque yo siempre estoy encontrando más mérito en la poesía, en casi todos los autores que he leído. Su obra es notable y diversa. Emma hizo de la palabra un lugar de descanso. Un refugio donde podía desplegar toda la dimensión de su ser, sin tener que hacer concesiones ni mentir a nadie. Donde era nada más y nada menos que ella misma. Las palabras le cubrían la espalda y le daban la oportunidad de manifestar su desagrado por los convencionalismos sociales, sin herir susceptibilidades. Por eso su prosa tiene esa fuerza sencilla y rotunda y esa solidez austera que conquista al lector. Una prosa clara y tranquila, alumbrada a intervalos regulares por ese destello sutil de ironía que sabía manejar tan admirablemente. El Ser que está detrás de las palabras de su obra también es notable. Emma era naturalmente graciosa, ocurrente, generosa con su tiempo, su esfuerzo y su saber. Amaba la libertad: la propia y la de los demás. Tenía una modestia admirable, una lucidez asombrosa y una rapidez mental que los muchos años vividos no pudieron opacar. Casi todos los presentes, me incluyo, hemos disfrutado, y seguramente añoran tanto como yo, esas enriquecedoras charlas en la galería cubierta de su casa o directamente en el jardín, donde la cercanía del reino vegetal parecía inspirarla para brindar al visitante sus más profundas reflexiones; digo esto, porque creo que es una vivencia hermosísima, compartida por casi todos ustedes y que no podremos olvidar. Hay una cualidad de Emma que he dejado para el final, porque me parece que es la que, personalmente, siempre me pareció única: su delicadeza espiritual. Todos sabemos de sus preferencias afectivas y de su militancia política; sin embargo, durante los cuarenta años en que tuve el privilegio de ser su amiga, jamás presencié ni la sombra de que buscara influenciar a nadie en esos sentidos. Es más: en una oportunidad me dijo: "Si alguna vez sos testigo de que estoy tratando de llevar agua para mi molino, dame un codazo, que yo voy a entender". Nunca fue necesario, porque ella respetó siempre las elecciones ajenas.Lea más en la edición impresa en papel
